Si te encuentras con un jugador que marca 35 goles y lleva una actitud más desafiante que el estado de Florida, lo mejor es dar media vuelta y marcharse en dirección contraria. Brandon Hagel, delantero de los Tampa Bay Lightning, ha sido un pilar fundamental en el equipo durante más de cuatro temporadas. Con habilidades como penalista letal y un juego bidireccional, su influencia ha crecido desde la salida de Steven Stamkos en 2024 y la lesión de Brayden Point a principios de esta campaña.
La temporada pasada marcó su explosión con 90 puntos, pero esta vez ha superado todas las expectativas: 36 goles en la fase regular, llevando a los Lightning a su novena clasificación consecutiva a los playoffs. Su progresión desde su traspaso desde Chicago simboliza cómo Tampa Bay ha logrado mantener su dominio en la era de los topes salariales. A sus 27 años y con un contrato de gran valor, Hagel rinde como una estrella sin perder la humildad de un jugador de tercera línea que nunca fue elegido en su juventud.
«Me han dado muchos golpes en la cabeza», confesó Hagel a The Athletic esta semana. La frase, aunque pueda sonar metafórica, refleja su mentalidad de acero. Ya había ganado notoriedad internacional al enfrentarse a Matthew Tkachuk en el torneo de las 4 Naciones del año pasado. Sin embargo, si alguien aún no lo conocía al inicio de la serie de playoffs entre Canadiens y Lightning, Hagel se encargó de dejarlo claro.
En el primer partido, anotó dos goles, uno de ellos decisivo para forzar la prórroga en una derrota ajustada. En el segundo encuentro, abrió el marcador con un disparo lejano y arriesgado, y más tarde asistió a Nikita Kucherov en el tercer período, evitando que el disco saliera de la zona y permitiendo la igualada. Entre estos dos momentos clave en la victoria 3-2 de Tampa Bay en prórroga, Hagel se convirtió en el centro de atención al completar un hat-trick de Gordie Howe —gol, asistencia y pelea— consolidando su reputación como el jugador al que todos los rivales desean silenciar con una sonrisa burlona.