El Chevrolet Corvette ostentó durante meses el título de coche de producción estadounidense más rápido en el Nürburgring, un hito logrado en agosto de 2025. El ZR1X, con 1.250 caballos de potencia, marcó un tiempo de 6:49.275 en la temida curva del Infierno Verde, mientras que su versión menos potente, el ZR1 (1.064 CV), completó el trazado en 6:50.763. Sin embargo, el dominio fue efímero: el Ford Mustang GTD Competition superó ambos registros con un tiempo de 6:40.835.
Tony Roma, ingeniero jefe de Corvette y coches de altas prestaciones en GM, no oculta su orgullo por el logro de su equipo, pero tampoco su determinación por recuperar el primer puesto. «Estoy orgulloso de lo que conseguimos en el Nürburgring. Creamos algo único con nuestros pilotos y nuestro equipo local, en colaboración con Michelin», declaró. «Ford y Porsche están demostrando que quieren más, y nosotros volveremos cuando tengamos un coche listo para batir récords, no por presión, sino con un proyecto sólido».
Roma, que lleva 27 años vinculado al circuito alemán —con casi 2.000 vueltas y una licencia de piloto profesional—, subraya la importancia estratégica de estos desafíos. «Lograr un tiempo creíble en el Nürburgring significa algo en todo el mundo. Convencer a los directivos de invertir en este proyecto no fue fácil, pero valió la pena».
Más allá de lo profesional, el ingeniero siente una conexión personal con la pista. Este año, en su cuarta participación, compite como piloto privado en dos categorías: con un BMW 330 CS en la carrera histórica y, junto a otros tres pilotos, con un Cupra León KL de Jung Motorsport en las 24 Horas, todo ello con su propio presupuesto. «Me encantaría pilotar un GT4, pero cuando tienes que convencer a tu mujer de que es una buena idea…», bromea.
Roma no es un aficionado: en 2025 ya logró una victoria de clase en esta misma prueba. Su experiencia y ambición auguran una nueva batalla entre Chevrolet y Ford por la supremacía en el Infierno Verde.