La redistribución de distritos electorales, un viejo conocido en la política estadounidense bajo el término gerrymandering, ha recobrado fuerza en los últimos años. Tras la decisión del Tribunal Supremo en 2019 de no revisar las denuncias por manipulación partidista en los mapas, y con las exhortaciones de Donald Trump a los republicanos de Texas para redibujar sus distritos antes de las elecciones de 2026, la práctica se ha intensificado.

Texas, uno de los estados más disputados, aprobó el año pasado nuevos distritos que podrían otorgar a los republicanos cinco escaños adicionales en la Cámara de Representantes. En respuesta, California y Virginia han impulsado iniciativas similares para contrarrestar este avance. El martes, los votantes de Virginia aprobaron un nuevo mapa que podría beneficiar a los demócratas en diez distritos, asegurando cuatro escaños más y acercándolos a la mayoría en la Cámara.

Este giro es significativo, ya que los demócratas han sido tradicionalmente críticos con el gerrymandering partidista. Sin embargo, la victoria no fue sencilla. Aunque Virginia ha tendido a votar a favor de los demócratas en elecciones presidenciales y para gobernador desde 2000, el estado es altamente disputado y hasta enero estuvo gobernado por el republicano Glenn Youngkin. Además, la campaña estuvo marcada por mensajes confusos y rechazo de votantes independientes ante la idea de un poder partidista.

Pese a ello, las áreas urbanas como Richmond, Virginia Beach y los suburbios del norte de Virginia —cerca de Washington D.C.— movilizaron suficientes votos demócratas e independientes para aprobar la medida. Junto con los cambios en otros estados como California, Misuri, Carolina del Norte, Ohio y Utah, esta decisión podría dar a los demócratas una ventaja de un escaño en las elecciones de mitad de mandato.

Florida, el próximo campo de batalla

El tiempo se agota para los partidos que buscan manipular los distritos antes de las primarias, que ya han comenzado en varios estados. Florida emerge como el próximo escenario clave, donde el gobernador Ron DeSantis ha intentado redibujar los mapas desde el verano pasado, siguiendo las indicaciones de Trump. Sin embargo, su plan se ha visto frenado por divisiones internas dentro del Partido Republicano y una falta de preparación, lo que podría retrasar o incluso bloquear la iniciativa.

El impacto en la democracia

Más allá de los resultados inmediatos, la batalla por los distritos electorales plantea serias dudas sobre la salud de la democracia estadounidense. La manipulación de los mapas no solo distorsiona la representación, sino que también profundiza la polarización política. Con cada partido buscando maximizar su ventaja, el sistema electoral se vuelve más susceptible a abusos y menos transparente para los votantes.

«La redistribución de distritos no es solo un juego político; es una amenaza para la equidad electoral y la confianza en las instituciones», señala un analista político.

Mientras los demócratas celebran sus avances en Virginia y California, la guerra por el control de los distritos está lejos de terminar. Y en el proceso, la verdadera perdedora podría ser la democracia.

Fuente: Vox