El USS Abraham Lincoln (CVN 72), un portaaviones estadounidense, realiza operaciones de bloqueo en el Estrecho de Ormuz el 16 de abril de 2026 en el mar Arábigo. | US Navy via Getty Images

¿Están a punto de lograr un acuerdo de paz definitivo Estados Unidos e Irán, o se encaminan hacia una guerra abierta? Las señales son contradictorias. Por un lado, el presidente Donald Trump ha afirmado en los últimos días que Irán ha aceptado todas las condiciones de Washington y que las negociaciones avanzan favorablemente. Incluso se espera la llegada del vicepresidente JD Vance a Pakistán esta semana para continuar las conversaciones. Por otro, Irán ha vuelto a declarar el cierre del Estrecho de Ormuz —tras una breve reapertura— y ha atacado barcos que transitaban por la zona durante el fin de semana. Paralelamente, EE.UU. mantiene un bloqueo parcial en los puertos iraníes, habiendo incautado un buque iraní el domingo.

Existe incluso una tercera posibilidad: que el statu quo actual —ni paz ni guerra abierta— se prolongue. En este escenario, tanto Washington como Teherán podrían preferir mantener la situación antes que ceder en lo que consideran una derrota humillante. Sin embargo, los costes de esta estrategia siguen creciendo día a día, con el Estrecho de Ormuz cerrado y la región bajo la amenaza constante de un conflicto mayor.

Una guerra de desgaste con roles invertidos

La dinámica actual recuerda, en cierto modo, a las semanas de bombardeos conjuntos entre EE.UU. e Israel: una pugna para ver quién aguanta más presión. Pero en esta nueva fase, el desenlace depende principalmente de Irán. ¿Lograrán las dos potencias llegar a un acuerdo?

El principal obstáculo es que EE.UU. tiene incentivos para poner fin al conflicto, pero no está claro cómo hacerlo. Irán, por su parte, tiene la capacidad de finalizar la guerra, pero duda si le conviene. Antes del conflicto, Washington buscaba presionar a Teherán para que abandonara su programa nuclear y redujera su apoyo a grupos proxies como Hezbolá (Líbano) o los hutíes (Yemen), además de limitar su arsenal de misiles balísticos. Sin embargo, estos objetivos han quedado en un segundo plano.

Actualmente, la negociación se centra en dos puntos clave: el programa nuclear iraní y el control futuro del Estrecho de Ormuz, un tema que ni siquiera figuraba en la agenda antes de la guerra. Paradójicamente, si Irán hubiera poseído un arma nuclear en este momento, quizá no estaría en esta situación. Su programa de enriquecimiento, en lugar de protegerlo, lo ha convertido en un blanco prioritario.

Antes de que estallara el conflicto, fuentes revelaron que Irán estaba considerando ceder en aspectos clave de su programa nuclear, como la dilución de su reserva de 400 kilogramos de uranio altamente enriquecido. Sin embargo, la estrategia de presión extrema ha llevado a ambos bandos a una encrucijada donde el costo de la confrontación supera los beneficios de la paz.

Fuente: Vox