Políticas fallidas que ahogan la innovación
Las políticas diseñadas para promover la equidad en Sudáfrica están frenando el acceso a herramientas tecnológicas que mejoran la seguridad, la conectividad y la vida cotidiana. Recientemente, el recién nombrado embajador de EE.UU. en el país, Leo Brent Bozell III, generó polémica al criticar abiertamente la lista de cinco exigencias de Washington a Pretoria, destacando entre ellas la eliminación del Broad-Based Black Economic Empowerment (B-BBEE).
Esta normativa obliga a las empresas a ceder parte de su propiedad y control en los consejos de administración a socios negros como condición obligatoria para obtener contratos gubernamentales, licencias y grandes acuerdos comerciales. Aunque su intención era reducir la desigualdad, el resultado ha sido desastroso: ha disuadido la inversión extranjera, ralentizado la implementación de infraestructuras básicas y, en última instancia, no ha beneficiado a los sudafricanos.
Desde que el B-BBEE se convirtió en ley en 2004, la economía sudafricana ha retrocedido. La tasa de desempleo nacional ha pasado del 22% en 2004 a superar el 32% en la actualidad. Para los sudafricanos negros, la situación es aún más grave: el desempleo ha aumentado del 29% a alrededor del 37%.
Falta de conectividad: un problema que va más allá de las ciudades
Las mismas políticas que han fracasado en la creación de empleo también han privado al país de infraestructuras modernas, especialmente de internet fiable. Antes de viajar a Sudáfrica para investigar sobre gobernanza y seguridad rural, ya había oído hablar de los problemas de conectividad, pero no fui consciente de su gravedad hasta estar allí.
Durante mi estancia en una casa rural cerca de Bronkhorstspruit, alejada de la ciudad y rodeada de tierras abiertas, la conexión a internet era casi inexistente. La señal se debilitaba a lo largo del día hasta volverse inservible por la noche. Los locales me confirmaron que esta situación no era excepcional: los cables se cortan o roban con frecuencia, la infraestructura es inconsistente y nadie espera que el gobierno solucione el problema a corto plazo. Para muchos, es simplemente parte de la vida cotidiana, pero estar allí sin una conexión estable generó en mí una sensación de vulnerabilidad.
Casi a diario, me encontraba con alguien que me contaba, con naturalidad, que conocía a alguien que había sido víctima de un ataque a granjas. Esto me hizo reflexionar: si la seguridad fallaba y ocurría algo, ¿cómo podría contactar con alguien?
Seguridad rural y la ausencia de datos
Sudáfrica figura entre los países más afectados por la delincuencia en el mundo, junto a lugares como Venezuela y Haití. Sin embargo, a diferencia de estos, carece de un sistema eficiente de recopilación de datos que permita analizar y combatir el crimen de manera efectiva.
La falta de conectividad no solo limita el acceso a herramientas digitales esenciales, sino que también agrava los riesgos de seguridad en zonas rurales. Sin internet fiable, las comunidades quedan aisladas, sin capacidad para alertar a las autoridades o coordinar respuestas en emergencias. La tecnología, que podría ser una solución, se convierte en un lujo inalcanzable para muchos.
¿Qué alternativas existen?
Mientras el gobierno sudafricano insiste en políticas que ahogan la innovación, otras naciones africanas avanzan en conectividad. Por ejemplo, Zimbabue ha dado pasos significativos para mejorar su infraestructura digital, y empresas como SpaceX con Starlink están explorando soluciones satelitales para llevar internet a zonas remotas. Sin embargo, Sudáfrica, con su potencial económico y recursos, sigue rezagada.
La pregunta es clara: ¿cuándo dejará de ser la burocracia y las políticas restrictivas el principal obstáculo para el progreso tecnológico y social del país?