En abril, Drew Maciel, un recolector de astas de alce en Maine, compartió en Instagram un vídeo impactante: un alce macho muerto cubierto por cientos de garrapatas. «Estoy harto de encontrar alces muertos», declaró ante su audiencia. Maciel no es biólogo, sino un shed hunter —persona que recoge astas que los animales han desprendido naturalmente—. Sin embargo, este año, el hallazgo se repitió con frecuencia alarmante.

La causa no es un misterio para los científicos: el aumento de las temperaturas en Maine, que ha subido 3 grados Fahrenheit desde 1985, ha favorecido la proliferación de la garrapata de invierno (Dermacentor albipictus). Según estudios, hasta el 90% de los alces jóvenes en la región mueren desangrados por estos parásitos. Pero en las redes, donde el vídeo de Maciel acumuló miles de reproducciones, no todos ven una consecuencia del cambio climático.

«Guerra biológica creada por el ser humano», escribió en los comentarios Dries Van Langenhove, exmiembro de un partido de extrema derecha en Bélgica y condenado por negacionismo del Holocausto. Su publicación recibió 32.000 likes. Otros usuarios culparon a Bill Gates o a grandes farmacéuticas.

Teorías virales sin fundamento

En abril, una «médica holística» con miles de seguidores en Instagram afirmó haber hablado con agricultores del Medio Oeste que aseguraban encontrar cajas de garrapatas abandonadas en sus tierras. «Algo está pasando con las garrapatas y los agricultores ya están hablando», publicó en un vídeo que superó los 10 millones de visualizaciones en Facebook, Instagram y TikTok. La Coalición MAHA Moms, vinculada a la agenda «Make America Healthy Again» del expresidente Donald Trump, difundió la teoría pidiendo a los afectados que se manifestaran.

Estas afirmaciones no son nuevas. En 2023, circularon rumores de que las farmacéuticas Pfizer y Valneva —que desarrollaban una vacuna contra la enfermedad de Lyme— estarían «sembrando» garrapatas en granjas para aumentar la demanda de su producto. Otra teoría, igualmente infundada, relacionaba un programa británico de modificación genética de garrapatas bovinas, financiado por la Fundación Bill y Melinda Gates, con el aumento de alergias a la carne roja en EE.UU. Sin embargo, la síndrome de alfa-gal —que provoca esta alergia— es transmitido por la garrapata estrella solitaria (Amblyomma americanum), una especie distinta a la estudiada en el programa.

¿Qué dice la ciencia?

Aunque las teorías conspirativas difieren en sus detalles, todas comparten una premisa común: las garrapatas no están aumentando por casualidad, sino como parte de un plan oculto. Los expertos, sin embargo, señalan factores ecológicos claros:

  • Cambio climático: Las temperaturas más cálidas prolongan las temporadas de actividad de las garrapatas y amplían su hábitat.
  • Pérdida de biodiversidad: La reducción de depredadores naturales, como aves o mamíferos pequeños, permite que las garrapatas proliferen sin control.
  • Expansión humana: La urbanización y la deforestación acercan a las personas a zonas donde antes no habitaban estos parásitos.

Chuck Lubelczyk, ecólogo especializado en enfermedades transmitidas por vectores en el Maine Medical Center, recoge garrapatas en Cape Elizabeth para estudiar su expansión. «No hay evidencia de que alguien esté liberando garrapatas deliberadamente», afirma. «Lo que vemos es un desequilibrio ecológico provocado por el ser humano».

Mientras las redes sociales siguen alimentando teorías sin base, los científicos advierten: el problema de las garrapatas no es un invento, sino una realidad que requiere atención urgente. La prevención —uso de repelentes, revisiones corporales tras paseos por zonas boscosas y control de roedores— sigue siendo la mejor herramienta contra estos parásitos.

Fuente: Grist