Un crucero con destino a la Antártida interrumpió su travesía en abril tras detectarse un brote de hantavirus que causó tres muertes y varios contagios a bordo del MV Hondius. El incidente, provocado por el virus Andes —una cepa única que puede transmitirse entre humanos—, ha reavivado las preocupaciones sobre la capacidad de respuesta global ante emergencias sanitarias.

Los hantavirus son patógenos transmitidos por roedores que, según registros médicos, afectan a humanos desde antes de los años 50. La infección suele producirse por la inhalación de polvo contaminado con excrementos de estos animales. Aunque el virus Andes es menos transmisible que el COVID-19, su capacidad de propagación entre personas lo convierte en un riesgo potencialmente grave.

El brote en el crucero es solo un ejemplo de cómo el cambio climático está facilitando la expansión de enfermedades zoonóticas. Expertos como Kirk Douglas, científico de la Universidad de las Indias Occidentales, señalan que fenómenos extremos como sequías e inundaciones alteran los hábitats de los roedores, obligándolos a buscar alimento en zonas urbanas y aumentando el riesgo de contagio.

El impacto del clima en la propagación de enfermedades

Argentina enfrenta un aumento sin precedentes de casos de hantavirus, con 101 infecciones registradas desde junio de 2025, el doble que en el mismo periodo del año anterior. Las autoridades sanitarias aún investigan las causas, pero estudios sugieren que el cambio climático podría ser un factor clave.

Entre 2021 y 2024, la región sufrió sequías históricas, incluyendo la peor en más de 60 años en 2023, seguida de lluvias extremas en 2024. Estos eventos climáticos extremos modifican el comportamiento de los roedores, como explica Douglas:

«Las sequías prolongadas obligan a ratas y ratones a adentrarse en áreas pobladas en busca de comida, incrementando el contacto con humanos».

Un desafío global con respuestas fragmentadas

El brote en el MV Hondius también ha puesto de manifiesto las dificultades para coordinar respuestas sanitarias internacionales. Argentina, que en marzo de 2025 completó su salida de la Organización Mundial de la Salud (OMS), se suma a países como EE.UU. en su reticencia a participar en alianzas globales diseñadas para gestionar crisis sanitarias transfronterizas.

La combinación de cambio climático, urbanización y fragmentación en la cooperación internacional aumenta el riesgo de futuras pandemias. Aunque el virus Andes no es tan contagioso como el SARS-CoV-2, su capacidad de transmisión entre humanos y su letalidad subrayan la urgencia de reforzar los sistemas de vigilancia y prevención.

Fuente: Grist