El cohete New Glenn, desarrollado por la empresa espacial de Jeff Bezos, Blue Origin, sufrió un grave fallo durante su tercer lanzamiento el pasado fin de semana. La misión, que debía colocar en órbita un satélite de comunicaciones de la empresa AST SpaceMobile, no logró alcanzar la altura necesaria, dejando la carga inservible y generando un costoso reclamo a las aseguradoras.

Este revés no solo representa un duro golpe para Blue Origin tras más de una década de desarrollo, sino que también podría comprometer los ambiciosos planes de la NASA para regresar astronautas a la Luna, según advierten expertos. La investigación del accidente, dirigida por la Administración Federal de Aviación (FAA) de EE.UU., podría prolongarse durante meses.

«Podría tomarles tres, cuatro meses o más», declaró Todd Harrison, experto del American Enterprise Institute, al New York Times. «Si se alarga más, será decepcionante e impactará directamente en el programa Artemis».

El New Glenn fue diseñado para transportar el módulo de alunizaje Blue Moon, una de las dos opciones que la NASA ha seleccionado para llevar astronautas a la superficie lunar dentro del programa Artemis. La otra alternativa es la empresa SpaceX, con su cohete Starship, que tampoco ha logrado completar con éxito misiones operativas y ha sufrido múltiples explosiones durante sus pruebas.

El calendario apremia. Aunque el primer alunizaje tripulado del programa Artemis estaba previsto inicialmente para 2024, la fecha se ha retrasado hasta 2028, y podría sufrir nuevos aplazamientos. El fallo del New Glenn no hace más que añadir incertidumbre a un escenario ya complicado.

Para la misión Artemis 3, prevista provisionalmente para el próximo año, la NASA planea realizar pruebas en órbita terrestre con uno o ambos módulos. Aunque los astronautas no viajarán a la Luna, practicarán maniobras de acoplamiento, un proceso que requiere múltiples lanzamientos simultáneos del Sistema de Lanzamiento Espacial (SLS) y la nave Orion sin contratiempos.

«Será una demostración de si realmente podemos ejecutar estos escenarios de múltiples lanzamientos en los que estamos apostando todo», explicó Daniel Dumbacher, profesor de la Universidad Purdue y exfuncionario de la NASA, al New York Times. «Será algo nuevo, la primera vez que se haga, y conlleva grandes desafíos».

Sin un New Glenn operativo para lanzar su módulo Blue Moon, surgen dudas sobre si Blue Origin podrá participar en la misión Artemis 3. La empresa aspiraba a realizar una misión de demostración con un prototipo del módulo Mark 1 antes de finales de año, un objetivo cada vez más lejano tras el fracaso del lanzamiento.

«Si faltan doce meses y aún no tengo claro cómo será el perfil de la misión en algo que hago por primera vez, me pondría nervioso rápidamente», confesó Dumbacher.

Fuente: Futurism