La idea de un resurgimiento del carbón tras la crisis energética desatada por los ataques de EE.UU. e Israel a Irán parece estar lejos de cumplirse. Según un nuevo estudio del think tank Ember, compartido en exclusiva con Carbon Brief, el incremento global de la generación eléctrica con carbón en 2026 no superará el 1,8%, una cifra muy inferior a las previsiones iniciales. De hecho, el escenario analizado es el más pesimista, por lo que la realidad podría ser aún más favorable.

Los datos disponibles hasta ahora confirman que, en lo que llevamos de año, no se ha producido un retorno al carbón. Aunque países como Japón, Pakistán o Filipinas han anunciado medidas para aumentar su dependencia del carbón ante la escasez de gas, el impacto global será mínimo. Expertos consultados por Carbon Brief señalan que el verdadero debate no gira en torno a un resurgimiento del carbón, sino a su declive estructural, que podría acelerarse este año.

El conflicto en Oriente Medio ha alterado el suministro global de gas, especialmente tras el bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Irán, una ruta clave para el transporte de gas natural licuado (GNL). Aunque esta vía representa solo una quinta parte del comercio mundial de GNL, su interrupción ha encarecido los precios y reducido la disponibilidad de gas en Asia y Europa.

Ante esta situación, al menos ocho países —Japón, Corea del Sur, Bangladesh, Filipinas, Tailandia, Pakistán, Alemania e Italia— han anunciado planes para aumentar su generación eléctrica con carbón o retrasar el cierre de sus centrales. Sin embargo, el análisis de Ember indica que estas medidas solo supondrán un aumento marginal en el uso del carbón, sin alterar su tendencia a la baja.

¿Un espejismo mediático?

La cobertura mediática sobre un supuesto renacimiento del carbón recuerda a lo ocurrido tras la invasión rusa de Ucrania en 2022, cuando muchos analistas predijeron un aumento masivo del carbón en Europa. Sin embargo, los datos muestran que, pese a un pico puntual en 2022, el consumo de carbón en la UE ha seguido una tendencia de declive irreversible, alcanzando en 2025 su nivel más bajo de la historia.

El gas no sustituye al carbón

Los datos del Centre for Research on Energy and Clean Air revelan que, en marzo de 2026, la generación global de electricidad con carbón se mantuvo estable, mientras que la producción con gas registró un descenso. Esto refuerza la idea de que el carbón no está reemplazando al gas, sino que su uso responde a decisiones puntuales sin impacto en la tendencia a largo plazo.

«La gran narrativa no es un regreso del carbón, sino su declive estructural. Cualquier aumento en su uso es solo un parche temporal que enmascara una caída más profunda en los próximos años», explican los expertos de Ember.

En lugar de apostar por el carbón, los países están priorizando inversiones en energías limpias, incluso en medio de la crisis energética. La transición hacia fuentes renovables sigue siendo la opción más atractiva para garantizar la seguridad energética y cumplir con los objetivos climáticos.