La reelección de Donald Trump ha generado incertidumbre en el sector de las tecnologías climáticas. Aunque sus posturas sobre energías renovables han sido contradictorias —desde elogiar los vehículos eléctricos hasta acusar a los parques eólicos marinos de matar ballenas—, su retórica de "perforar, bebé, perforar" ha dejado claro que su prioridad no es la transición energética. Paralelamente, tecnologías clave como la solar o la eólica siguen reduciendo costes, incluso sin apoyo político.
Un sector dividido: grandes proyectos avanzan, las startups se ahogan
Informes recientes de Sightline Climate, Silicon Valley Bank y J.P. Morgan revelan una clara división en el sector. Mientras los gigantes institucionales —como Brookfield Asset Management o Copenhagen Infrastructure Partners— siguen captando fondos millonarios para proyectos a gran escala (solar, eólica o baterías), las startups en fase inicial luchan por sobrevivir.
Según el informe Dry Powder and New Funds de Sightline Climate, en 2024 se recaudaron 92.000 millones de dólares en fondos climáticos, un récord. Sin embargo, el 77% de ese capital se destinó a solo 179 fondos, principalmente gestionados por actores institucionales que apuestan por tecnologías probadas. Julia Attwood, responsable de investigación de Sightline, lo resume así: "Muchos fondos de infraestructuras se sienten cómodos invirtiendo en eólica o solar, porque conocen el modelo de financiación y los riesgos".
El declive de las startups climáticas
El problema es grave para las empresas en fase temprana, esenciales para innovaciones como captura de carbono, acero verde, cemento bajo en carbono o descarbonización agrícola. Estas tecnologías, aunque prometedoras, requieren mayor tolerancia al riesgo y aún no han demostrado su escalabilidad.
Los datos son reveladores: según Silicon Valley Bank, la inversión en startups en fase seed y Series A en EE.UU. cayó por primera vez en una década. Además, la participación de los fondos de capital riesgo en el total de financiación se desplomó del 20% en 2021 al 8% en 2024, según Sightline. Dos factores explican este retroceso:
- Menor captación de fondos por parte de los inversores: el tamaño medio de los fondos cayó de 174 millones de dólares en 2024 a 160 millones en 2025.
- Mayor concentración en infraestructuras: a medida que el sector madura, los proyectos a gran escala acaparan más recursos.
Jordan Kanis, director de tecnología climática de Silicon Valley Bank, advierte: "Aunque las valoraciones de las startups están subiendo en todas las fases, hay una brecha enorme. Los mejores proyectos reciben financiación, pero el resto lucha por mantenerse a flote".
¿Por qué importa esto?
Las tecnologías en fase inicial son el motor de la innovación climática. Sin ellas, será difícil alcanzar los objetivos de reducción de emisiones. Sin embargo, el actual enfoque en proyectos seguros y escalables deja en segundo plano soluciones disruptivas que podrían ser clave en la transición energética.
"El sector necesita un equilibrio. Si solo invertimos en lo seguro, frenamos el progreso. Pero si apostamos demasiado por lo arriesgado sin un plan claro, también fracasaremos. El desafío está en encontrar ese punto medio", señala un experto del sector que prefiere mantener el anonimato.
El futuro: ¿más selectividad o menos innovación?
Los inversores se enfrentan a un dilema. Por un lado, la presión por rendir cuentas a los partícipes obliga a priorizar proyectos con retornos predecibles. Por otro, la urgencia climática exige apostar por soluciones aún no consolidadas. La consecuencia es una mayor selectividad, que deja fuera a muchas startups prometedoras.
Mientras tanto, el sector sigue evolucionando. Algunas voces del mercado sugieren que, en un entorno de tipos de interés altos y menor apetito por el riesgo, los fondos de capital riesgo podrían recuperar su protagonismo en fases tempranas. Sin embargo, hasta que eso ocurra, las tecnologías climáticas más innovadoras —y necesarias— seguirán en una posición vulnerable.