La industria naviera mundial afronta una crisis sin precedentes. Por primera vez en décadas, dos de las rutas más críticas del Oriente Medio —el Estrecho de Ormuz y el Mar Rojo— han permanecido bloqueadas durante semanas. Desde principios de marzo, la tensión entre Irán y los rebeldes hutíes, en respuesta a los bombardeos de EE.UU. e Israel, ha paralizado el paso de buques y el transporte de petróleo. El precio del crudo se ha disparado, y los costes del combustible marítimo han alcanzado niveles récord, hasta el punto de que algunos biocombustibles resultan más económicos.

Más de 150 barcos quedaron atrapados en la zona, incapaces de cruzar el Estrecho de Ormuz, por donde transita el 20% del petróleo mundial. Otros han optado por rutas alternativas, como rodear el Cabo de Buena Esperanza, lo que incrementa los costes y añade semanas al tiempo de trayecto. Tras una breve reapertura, Irán volvió a cerrar el paso el pasado fin de semana, agravando la situación.

En este contexto, la Organización Marítima Internacional (OMI), el organismo de la ONU encargado de regular el transporte marítimo global, se reúne esta semana para abordar la reducción del impacto climático del sector. La navegación comercial es responsable del 3% de las emisiones globales de gases de efecto invernadero. Durante los últimos tres años, los 176 países miembros de la OMI han trabajado en un marco de "cero emisiones netas", que obligaría a los armadores a pagar una tasa por cada tonelada de emisiones que superara un umbral determinado. Los fondos recaudados se destinarían a desarrollar combustibles más limpios y apoyar a países con menos recursos.

Sin embargo, el avance se frenó el pasado verano. Justo cuando los países estaban a punto de votar la adopción del marco, la administración Trump —ahora liderada por el secretario de Estado Marco Rubio— amenazó con represalias, como restricciones de visados, aranceles adicionales y tasas portuarias. La presión de EE.UU. hizo que muchos países retrocedieran en su apoyo al acuerdo. En octubre, en lugar de aprobar el marco, los países optaron por posponer la decisión al menos un año.

Desde entonces, los trabajos técnicos han continuado, pero el respaldo político necesario para adoptar el acuerdo internacional se ha desvanecido. "La guerra en Irán ha complicado aún más las cosas", declaró Evelyne Williams, investigadora asociada del Centro de Política Energética Global de la Universidad de Columbia. "Si EE.UU. quiere bloquear este acuerdo, tiene herramientas poderosas, como su dominio en el mercado de gas natural licuado (GNL), para presionar a otros países".

La reunión de esta semana será clave para evaluar la postura de los países y sus prioridades en medio de la crisis actual. Algunos gobiernos han propuesto alternativas al marco original. Japón, por ejemplo, ha sugerido eliminar el sistema de tasas y permitir que los armadores con exceso de emisiones compensen sus impactos mediante mecanismos de comercio de derechos. Sin embargo, la viabilidad de estas propuestas sigue en entredicho.

El futuro de la descarbonización del transporte marítimo pende de un hilo. Mientras la industria navega entre conflictos geopolíticos y presiones económicas, la necesidad de un acuerdo global se hace más urgente que nunca.

Fuente: Grist