El 5 de septiembre de 1975, Lynette "Squeaky" Fromme, integrante de la secta de Charles Manson, se acercó a pocos metros del presidente Gerald Ford en Sacramento, California. Con un arma en mano, apuntó hacia él y disparó, pero falló. Menos de tres semanas después, en San Francisco, Sara Jane Moore, una contable con un pasado político ambiguo, logró efectivamente disparar contra Ford, aunque también erró el tiro antes de ser reducida por un transeúnte.
¿Qué llevó a estas dos mujeres a intentar un acto de tal gravedad? Según el biógrafo de Fromme, sus motivaciones no guardaban relación con Ford como persona. «No sentía nada por él, ni bueno ni malo… Solo creía que estaba destruyendo los secuoyas», declaró. Las razones de Moore, fallecida en 2023 a los 95 años, eran igualmente difusas, aunque con un trasfondo más político. El Washington Post destacó en su obituario que Moore había sido en distintos momentos «una matrona republicana de los suburbios», informante del FBI y «fascinada» por los activistas radicales de San Francisco y su retórica marxista.
En su declaración durante el juicio, Moore afirmó:
«Finalmente entendí y me uní a quienes solo ven en la destrucción y la violencia un medio para lograr cambios… y llegué a comprender que, a veces, la violencia puede ser constructiva»
Estos dos intentos de asesinato contra un presidente que, pese a sus controversias, no destacaba por su impopularidad, siguen siendo un enigma. Ford, nombrado vicepresidente tras la renuncia de Spiro Agnew por corrupción, asumió la presidencia en agosto de 1974. Su decisión de otorgar un «perdón absoluto» a Richard Nixon, entonces el político más odiado del país, generó críticas, pero no justificó el odio visceral hacia su figura.
Los motivos de Fromme y Moore, sin embargo, poco tenían que ver con Ford. Historiadores como Kevin Starr describen los años 70 en California como «la década más absurda y ominosa del siglo en términos de rareza y oscuridad». Quizá, entonces, estos intentos reflejen más el contexto de la época que las personalidades de sus autores.
Hoy, el caso de Cole Tomas Allen, el hombre de 31 años acusado de intentar disparar durante la cena de los corresponsales de la Casa Blanca la semana pasada, recuerda a estos episodios pasados. Su biografía y manifiesto ofrecen pistas sobre su estado mental, pero no resuelven el misterio de por qué alguien decide recurrir a la violencia sin un propósito claro.