Un motor único en la historia de Le Mans

El motor rotativo del Mazda 787B es una rareza en el automovilismo: el único de su tipo en ganar las 24 Horas de Le Mans, en 1991. Con una potencia estimada de 700 CV y un régimen de giro de 9.000 rpm, este propulsor de cuatro rotores —conocido como R26B— no solo es un prodigio mecánico, sino también un desafío para los mecánicos que lo mantienen en activo.

El documental de Mazda: seis minutos de historia mecánica

Para preservar el legado de este motor, la división de competición de Mazda ha publicado un vídeo de seis minutos en su canal de YouTube. En él, se detalla el proceso de reconstrucción y mantenimiento de los motores R26B, un trabajo que garantiza su funcionamiento incluso décadas después de su uso en competición.

Diferencias clave entre el motor del 787B y los rotativos de calle

Aunque el R26B comparte rotores con los motores rotativos de los Mazda de la época, como el RX-7, su diseño es radicalmente distinto. Entre las principales diferencias:

  • Cuatro rotores en lugar de dos, lo que multiplica su potencia y complejidad.
  • Tres bujías por rotor (frente a dos en los modelos de calle) para mejorar la eficiencia y el rendimiento.
  • Componentes reforzados, como juntas de apex de cerámica y muelles de mayor tensión, que reducen el "castañeteo" típico de los rotativos a altas revoluciones.
  • Superficies internas de los rotores diseñadas para resistir el sobrecalentamiento, evitando deformaciones que comprometan la estanqueidad.

Los puntos débiles de los motores rotativos

Los motores rotativos son conocidos por su fragilidad en dos aspectos fundamentales:

  • Juntas de apex: Elementos críticos que sellan la cámara de combustión. Las de acero, usadas en modelos de calle, pueden "saltar" a altas rpm, mientras que las de cerámica del 787B ofrecen mayor durabilidad.
  • Carcasa interna: El sobrecalentamiento puede deformarla, rompiendo el sellado. Durante una reconstrucción, los mecánicos comparan el grosor de la carcasa interna con la externa (menos expuesta al calor) para garantizar que cumple con las especificaciones.

El legado del 787B y el futuro de los rotativos en Mazda

Tras la victoria de 1991, los cambios en las normas de Le Mans dejaron obsoleto al motor rotativo, impidiendo que otros fabricantes lo adoptaran con éxito. Mazda siguió compitiendo en otras categorías, como la IMSA, pero nunca volvió a apostar por un rotativo en competición de élite. Tras abandonar el programa de deportivos en 2021, hoy el 787B es un símbolo de una era irrepetible.

"Son un recordatorio de lo que Mazda puede lograr cuando se lo propone, y de una época que probablemente no se repetirá".

A pesar de los rumores recurrentes sobre un posible regreso de los rotativos en un deportivo o incluso en Le Mans, la realidad es que, en el contexto actual, es poco probable que veamos un nuevo motor rotativo de competición o un modelo de calle con esta tecnología.

¿Por qué es importante mantener vivo el 787B?

Más allá de su valor histórico, el 787B y su motor R26B son un testimonio de la innovación de Mazda. En una época en la que los motores eléctricos dominan el panorama, este propulsor —con su sonido característico y su capacidad para escupir llamas— representa una era en la que la ingeniería mecánica alcanzaba límites insospechados.

Para los aficionados, ver cómo estos motores se reconstruyen y mantienen en activo es una forma de preservar la memoria de un icono. Y, para Mazda, es un homenaje a su pasado, aunque no haya planes concretos de revivir esta tecnología en el futuro.

Fuente: The Drive