Meryl Rosenthal tenía 41 años cuando, junto a su socia, fundó en 2005 una consultoría especializada en capital humano y transformación laboral. Nueve años después, su socia abandonó el proyecto por motivos personales, dejando a Rosenthal —entonces con 50 años— al frente del negocio en solitario. Ser mujer y superar los 50 no fue fácil: muchos líderes jóvenes asumían que carecía de la experiencia necesaria en recursos humanos o que no dominaba la tecnología como sus pares más jóvenes. Sin embargo, Rosenthal no se dejó intimidar.

«Lo que me ayudó a avanzar fue todo lo que había acumulado antes: ética laboral, experiencia empresarial, perspectiva, adaptabilidad y confianza. Pude asumir mi voz, confiar en mi criterio y reorientar el negocio hacia mis fortalezas», explica. «Los emprendedores que triunfan suelen aprovechar habilidades de sus anteriores roles de manera innovadora. Esto es especialmente cierto en el caso de muchas mujeres mayores de 50 años». Su empresa no solo sobrevivió: lleva más de dos décadas en funcionamiento y Rosenthal está a punto de cumplir 62 años.

Según datos del Censo de EE.UU., el 40% de las empresas del país ya son propiedad de mujeres, un avance que refleja la evolución de los roles de género. Además, las mujeres están creando negocios a un ritmo récord: casi la mitad de las nuevas empresas en algunos estudios. Pero para las fundadoras mayores de 50, este progreso tiene un lado oscuro: el doble prejuicio por género y edad.

«Como mujer, y más aún como mujer mayor, tienes que demostrar el doble que los hombres», afirma Julie Wing, emprendedora en serie de 65 años y dueña de un negocio de aviación. «Ellos no tienen que probar nada».

El mito de la «edad dorada» del emprendimiento

Lo más paradójico es que, pese a estos obstáculos, las mujeres mayores de 50 años podrían ser la clave del crecimiento empresarial que el sistema está pasando por alto. Un estudio del MIT reveló que los fundadores de mayor edad tienen más probabilidades de éxito que los jóvenes, gracias a su experiencia previa en el sector. Paralelamente, la consultora Boston Consulting Group (BCG) demostró que las startups fundadas por mujeres generan un 10% más de ingresos acumulados en cinco años que las creadas por hombres. Además, por cada dólar invertido, las empresas lideradas por mujeres obtienen 78 céntimos, frente a los 31 céntimos de las dirigidas por hombres.

En otras palabras, ignorar a estas emprendedoras no solo es injusto, sino que supone dejar escapar un valor económico incalculable.

¿Por qué persiste el sesgo contra las mujeres mayores?

El problema radica en estereotipos profundamente arraigados. Las mujeres mayores de 50 años suelen ser percibidas como menos innovadoras, menos tecnológicas o menos flexibles que sus homólogos masculinos más jóvenes. Estos prejuicios se traducen en barreras concretas: desde la dificultad para acceder a financiación hasta la falta de mentoría o redes de apoyo adaptadas a sus necesidades.

«El sistema está diseñado para premiar a los jóvenes, especialmente a los hombres jóvenes», señala Wing. «Las mujeres mayores tenemos que trabajar el triple para que nos tomen en serio, pero cuando lo logramos, demostramos ser más resilientes y estratégicas».

El poder de la experiencia y la adaptabilidad

Rosenthal y Wing son ejemplos de cómo la edad puede ser una ventaja. Ambas destacan que su trayectoria les ha permitido desarrollar habilidades únicas: gestión de crisis, liderazgo en entornos cambiantes y una red de contactos consolidada. «La experiencia nos da una perspectiva que los jóvenes no tienen», afirma Rosenthal. «Sabemos qué funciona, qué no, y cómo pivotar a tiempo».

Además, estudios como el de BCG sugieren que las mujeres emprendedoras suelen ser más conservadoras en sus proyecciones financieras, lo que reduce el riesgo de fracaso. «No invertimos en sueños imposibles; invertimos en planes realistas», explica Wing. «Eso, en un mundo obsesionado con el crecimiento a cualquier precio, es una ventaja».

Romper el ciclo: ¿qué pueden hacer las empresas y los inversores?

Para cambiar esta dinámica, expertos proponen varias medidas:

  • Financiación específica: Crear fondos de inversión y concursos de startups dirigidos a mujeres mayores de 50 años, reconociendo su potencial.
  • Mentoría inversa: Programas donde emprendedoras experimentadas guíen a jóvenes, pero también donde estas últimas enseñen a las mayores sobre tendencias digitales y nuevas herramientas.
  • Visibilidad: Medios y plataformas deben destacar casos de éxito de mujeres mayores, rompiendo el mito de que el emprendimiento es solo para jóvenes.
  • Políticas de diversidad: Incluir la variable de edad en las estrategias de inclusión, junto con género y origen étnico.

«El talento no tiene edad», subraya Rosenthal. «Lo que falta es la voluntad de verlo».