Outerloop ha demostrado en el pasado su capacidad para crear juegos con historias originales y mecánicas de juego interesantes, incluso cuando estos presentaban ciertos defectos o particularidades. Tras el éxito de Thirsty Suitors, su siguiente título, Dosa Divas, profundiza en temas como las relaciones familiares, la cultura y la cocina. Sin embargo, esta vez, las decisiones narrativas y de combate hacen que el juego pierda parte de su singularidad y atractivo.
En lugar de ofrecer una experiencia inmersiva, Dosa Divas comienza in media res, sumergiendo al jugador en una historia ya avanzada sin proporcionar el contexto necesario. Las hermanas Amani, Samara y Lina provienen de una familia que alguna vez tuvo un restaurante, donde Amani era la chef principal. Un evento traumático llevó a la hermana mayor a abandonar el país, Sam a culparse a sí misma y a Lina a fundar LinaMeals, una empresa que comercializa comida en tubos y emplea abogados agresivos para evitar que la gente cocine por sí misma.
Amani regresa a la ciudad sin entender del todo la gravedad de la situación ni el grado de fractura familiar. Las hermanas deberán reconectar con su pasado, reintroducir la cocina casera y luchar contra la cultura corporativa y el capitalismo. Aunque los personajes de Amani y Samara son fascinantes y Outerloop vuelve a capturar con maestría la complejidad de las relaciones familiares, la conexión emocional con la historia de Dosa Divas no alcanza el nivel de Thirsty Suitors.
Uno de los principales problemas es el ritmo desigual del juego. En la introducción y el primer pueblo, el jugador se siente abrumado por la necesidad de comprender los conflictos familiares de Amani y Samara sin haber tenido tiempo suficiente para asimilar sus personalidades. Más adelante, las últimas dos horas del juego se extienden innecesariamente, obligando al jugador a retroceder para completar una serie de platos que no aportan valor a la trama.
Quizá el problema radique en la estructura narrativa: Dosa Divas explica demasiado y muestra muy poco. En lugar de desarrollar los conflictos a través de acciones y diálogos significativos, el juego se basa en pistas contextuales y suposiciones que el jugador debe deducir por sí mismo. Cuando llega el clímax, las medidas desesperadas y los giros argumentales resultan tediosos y poco satisfactorios.
Aunque el juego aborda temas interesantes, como la lucha de las familias contra las corporaciones o las tensiones entre tradición y modernidad, el tono y los saltos narrativos impiden que el jugador se sienta identificado con los personajes. A diferencia de Thirsty Suitors, donde la conexión emocional era palpable, aquí el desarrollo de los personajes y sus motivaciones no logran transmitir la misma intensidad.