Los conductores suelen fijarse primero en el precio de la gasolina al repostar, especialmente cuando los combustibles registran fuertes subidas. Sin embargo, el diésel, un carburante clave para la economía, ha experimentado un aumento aún más pronunciado, con consecuencias que trascienden al sector del transporte.

Desde que comenzó el conflicto en Oriente Medio el pasado 28 de febrero, el precio del diésel se ha disparado un 54%, frente al 38% de la gasolina, según datos del Brown University Oil Price Tracker. Esta herramienta, desarrollada por investigadores de la universidad, estima que el alza de los combustibles ha generado un sobrecoste de 19.000 millones de dólares para los consumidores estadounidenses, de los cuales 9.400 millones corresponden al diésel.

Aunque muchos no lo perciban directamente, el impacto del diésel se extiende a toda la economía. Este carburante es esencial para sectores como el transporte de mercancías, la agricultura, la construcción y el ferrocarril. Casi todos los productos que consumimos pasan en algún momento por la cadena de suministro del diésel, por lo que los mayores costes se trasladan al precio final para el consumidor.

¿Por qué el diésel sube más que la gasolina?

La diferencia en el aumento de precios se debe, en parte, a la menor producción de diésel por barril de petróleo en comparación con la gasolina. Además, la demanda de diésel es menos flexible: mientras los automovilistas pueden reducir el uso de gasolina al subir su precio, sectores como el transporte o la industria no tienen esa opción.

Otro factor clave es el momento en que estalló el conflicto. El inicio de los bombardeos en Irán coincidió con el final de un invierno especialmente frío en Nueva Inglaterra, donde se consume la mayor parte del aceite de calefacción del país. Dado que el aceite de calefacción y el diésel tienen composiciones moleculares casi idénticas, la demanda estacional ya ejercía presión alcista sobre los precios, que el conflicto agravó.

«El diésel es el combustible que impulsa la economía mucho más que la gasolina», explicó Patrick De Haan, responsable de análisis petrolero de GasBuddy. «Aunque los conductores no lo noten directamente, el encarecimiento del diésel afecta a todos, incluso a quienes no lo utilizan».

Consecuencias para los consumidores

El sobrecoste de 9.400 millones de dólares en diésel se traduce en unos 71 dólares más por hogar estadounidense, según el estudio. Aunque la cifra pueda parecer menor a nivel individual, su efecto acumulado en la inflación y los precios de los productos básicos es significativo.

Además, la subida del diésel podría acelerar la transición hacia alternativas más sostenibles, como los vehículos eléctricos, especialmente en el transporte de mercancías. Sin embargo, de momento, el impacto económico sigue siendo el más inmediato.

Fuente: Grist