Colin Angle, pionero de la robótica y creador del famoso aspirador Roomba, ha dado un giro inesperado a su carrera con el lanzamiento de un prototipo revolucionario: el Familiar, un robot de cuatro patas diseñado para convertirse en el compañero artificial que muchos buscan.

Presentado en el Future of Everything de The Wall Street Journal en Nueva York, este robot de aspecto adorable —del tamaño de un bulldog, con ojos de ciervo y orejas y patas de oso— no solo imita los movimientos de una mascota real, sino que también promete adaptarse a los hábitos de su dueño.

«Elegimos una forma que no es humana, ni perro ni gato, para evitar preconcepciones», explicó Angle, quien lidera la startup Familiar Machines Magic tras dejar su cargo como CEO de iRobot en 2024. Este proyecto, imposible de desarrollar hace décadas, se beneficia de los avances en inteligencia artificial generativa, similares a los que impulsaron herramientas como ChatGPT.

El Familiar no hablará, pero sí emitirá sonidos animales y reaccionará a las palabras de su dueño gracias a sus «orejas» con entrada de audio y un sistema de IA que aprende de las interacciones. «Queremos algo que puedas abrazar, acariciar y que te haga feliz cuando esté contento», afirmó Angle. Además, su tamaño y movilidad le permiten seguir a su dueño por la casa o incluso arrastrarlo para dar un paseo.

Aunque no es el primer intento de crear un robot mascota —como el icónico Aibo de Sony—, Angle asegura que el Familiar ofrece algo único: «No es un juguete para observar, sino una compañía real que puede mejorar el bienestar emocional».

La comercialización aún está en fase experimental, pero Angle apunta a un público concreto: personas mayores que, por limitaciones físicas o miedo al cuidado, evitan adoptar mascotas reales. «No es que la gente deje de disfrutar de los animales, pero el esfuerzo y la responsabilidad de cuidarlos disuaden a muchos en edades avanzadas», comentó.

Más allá de la tecnología, el concepto del Familiar tiene raíces en el folclore, donde figuras como los «familiares» —seres sobrenaturales en forma de animal— han sido durante siglos símbolos de compañía y protección.