El Pentágono ha presentado ante el Congreso un presupuesto militar sin precedentes: 1,5 billones de dólares para 2025, una cifra que supera cualquier gasto histórico en defensa de Estados Unidos, incluso ajustada por inflación. Sin embargo, durante las audiencias de asignaciones presupuestarias en el Senado y la Cámara de Representantes, el secretario de Defensa, Pete Hegseth, y otros altos cargos del Departamento de Defensa no han logrado ofrecer respuestas concretas sobre cómo se utilizará este dinero ni qué amenazas justifican un aumento tan drástico.
Las declaraciones de Hegseth durante estos encuentros se limitaron a frases genéricas y vacías de contenido estratégico. En un comunicado posterior a las audiencias, el Pentágono insistió en que el presupuesto «garantizará que Estados Unidos mantenga el ejército más poderoso y capaz del mundo, en un entorno de amenazas complejas en múltiples frentes». Además, añadió que «cada partida presupuestaria está orientada a aumentar la letalidad y supervivencia de nuestras fuerzas, desde el frente hasta las cadenas de suministro».
Este enfoque, calificado como «presupuestación por eslóganes», mezcla jerga corporativa con lenguaje de campaña electoral, pero carece de un plan detallado para justificar un gasto de tal magnitud. Incluso el senador Mark Kelly, ex piloto de la Marina y crítico habitual de Hegseth, cuestionó la falta de transparencia: «Si se elabora un presupuesto, debería incluir: los problemas que se quieren resolver, las capacidades necesarias y los sistemas que hay que adquirir».
En lugar de especificaciones, el plan del Pentágono propone destinar 23.000 millones de dólares a «capacidades críticas para el combatiente» y otros 46.000 millones a un fondo de «infraestructura soberana de inteligencia artificial», que financiaría inversiones estratégicas en empresas privadas. Sin embargo, no se detallan qué empresas ni qué capacidades se beneficiarían de estos fondos, ni cómo se determinaron estas cifras.
«Parece que estos números se sacaron de la nada», declaró Kelly, quien también advirtió que el presupuesto propuesto supera en un 45% el actual nivel de gasto militar, ya de por sí un 18% más alto que en 2024. Según la organización Taxpayers for Common Sense, si se añade un presupuesto suplementario para la guerra en Irán, el gasto militar total de EE.UU. podría doblarse en solo dos años.
El presupuesto de 1,5 billones de dólares no incluye los costes de la guerra en Irán, lo que agrava aún más las dudas sobre la transparencia y la justificación de este aumento sin precedentes.