El baile de los fondos de capital riesgo: ¿qué está detrás de sus cambios de rumbo?
Hay un documento en mi Google Drive que no es como los demás. Lo llamo «Tesis de fondos que me sacan de quicio». Cada vez que me topo con un fondo de capital riesgo que levanta millones con una tesis genérica, llena de buzzwords o directamente vacía, lo añado a mi lista negra. Pero lo más llamativo no es solo la falta de originalidad, sino la facilidad con la que estos fondos cambian de rumbo en cuestión de meses.
Este fenómeno no se limita a un solo fondo, sino que se extiende a sectores enteros. Hace solo unos años, el capital riesgo climático era el gran protagonista. Hoy, la mayoría de esos fondos han desaparecido o guardan silencio. Uno de ellos, que antes invertía en soluciones climáticas tradicionales, ahora se centra en «IA para el clima» —un oxímoron que refleja la adaptación forzada a las nuevas realidades políticas.
El impacto de la política en las estrategias de inversión
El giro lingüístico no es casual. Términos como «dinamismo americano», «resiliencia», «cadena de suministro» o «defensa» han reemplazado a los relacionados con el clima. ¿La razón? El cambio en el discurso político en EE.UU. ha convertido palabras como «diversidad» en un tabú para muchos fondos. Aquellos que antes se vendían como paladines de la equidad ahora deben reinventarse para sobrevivir.
Un ejemplo claro es el de los fondos que basaban su tesis en la idea de que el talento está distribuido, pero las oportunidades no. Para seguir siendo relevantes, ahora deben hablar de «meritocracia» o «eficiencia operativa» en lugar de diversidad, so pena de quedarse sin financiación.
Las tendencias tecnológicas también dictan el juego
Pero la política no es el único factor. Las modas tecnológicas también obligan a los fondos a pivotar. Hace dos años, muchos fondos generalistas de semilla se convirtieron en fondos de IA. Ahora, el «SaaSpocalypse» —la idea de que la IA acabará con las empresas de software como servicio— está reconfigurando el sector.
Hace cinco años, casi todos los fondos invertían en SaaS o empresas de software corporativo. Hoy, ese discurso ha caído en el olvido. Un amigo mío, gestor de un fondo que antes se especializaba en SaaS, me confesó la semana pasada que ahora solo invierte en consumo. Y no es solo el SaaS: el software en general está en horas bajas.
La razón es clara: el auge de los modelos de lenguaje grandes (LLMs) ha abaratado la creación de productos digitales. Si antes el software era un foso competitivo, ahora cualquier startup puede lanzarse en semanas. Ante este escenario, los inversores buscan sectores donde la replicación sea más difícil: hardware, bienes de consumo envasados o industrias reguladas. Sectores que, hasta hace poco, eran considerados poco atractivos.
Un desafío para los emprendedores
Para los fundadores, estos cambios constantes son un mareo estratégico. Un día, un sector es la moda; al siguiente, está muerto. Los que antes recibían financiación fácil ahora deben justificar su modelo con argumentos distintos. Y los que apuestan por áreas emergentes, como el hardware, se enfrentan a ciclos de desarrollo más largos y riesgos distintos.
En un ecosistema donde el dinero fluye hacia donde sopla el viento, los emprendedores más resilientes son aquellos que anticipan las tendencias en lugar de seguirlas. Porque, al final, en el capital riesgo, lo único constante es el cambio.
«En un ecosistema donde el dinero fluye hacia donde sopla el viento, los emprendedores más resilientes son aquellos que anticipan las tendencias en lugar de seguirlas».