Esta semana, Starbucks anunció sus planes de abrir una nueva oficina en Nashville, con el objetivo de establecer su sede en el sureste de Estados Unidos. La compañía invertirá 100 millones de dólares en esta expansión y espera contar con unos 2.000 empleados en la nueva sede en un plazo de cinco años.

Sin embargo, según un informe de Bloomberg, la multinacional está teniendo dificultades para convencer a sus trabajadores de Seattle de que se trasladen a Nashville. La empresa planea que ciertos equipos, incluyendo roles técnicos, se muden desde la sede principal, pero hasta ahora los empleados no muestran entusiasmo por la propuesta.

En marzo, un equipo de 100 personas dedicado a compras recibió la opción de trasladarse con una reducción salarial o renunciar a su puesto. Además, se les dio menos de un mes para decidir, según el informe. La falta de aceptación ha afectado la moral y la confianza dentro de los equipos.

Para intentar persuadir a más empleados, Starbucks ha ofrecido incentivos económicos, como acciones valoradas en decenas de miles de dólares y un bono de 2.000 dólares para quienes visiten Nashville antes de tomar una decisión. A pesar de estos esfuerzos, la respuesta sigue siendo tibia.

En una carta dirigida a los empleados, Sara Kelly, directora de operaciones, destacó el crecimiento de la empresa y reconoció que este tipo de anuncios pueden generar dudas. «Estamos comprometidos a comunicar las decisiones en los próximos meses y manteneros informados», afirmó. Sin embargo, no mencionó explícitamente la resistencia de los empleados en su mensaje público.

La compañía justificó la apertura de la nueva oficina por su proximidad a proveedores clave y el acceso a un talento en crecimiento en la región. También anunció planes futuros para abrir nuevas ubicaciones.

Un enfoque similar al regreso a la oficina postpandemia

Este caso recuerda a las estrategias que muchas empresas aplicaron tras la pandemia, cuando exigieron a los empleados que volvieran a la oficina, incluso si se habían mudado a otras ciudades. Empresas como Amazon y JPMorgan Chase impusieron políticas similares, sin excepciones significativas.

Starbucks ya había implementado medidas restrictivas, como obligar a sus empleados a trabajar desde Seattle o Toronto. Incluso el CEO, Brian Niccol, llegó a viajar en jet privado para cumplir con estas normas. Otras compañías, como Walmart, han ido más allá: en 2024, exigieron a miles de empleados en oficinas pequeñas que se trasladaran a Bentonville (Arkansas) para trabajar en su nueva sede de 350 acres, una decisión que también generó rechazo.