Desde el inicio de su segundo mandato en enero de 2025, el presidente Donald Trump ha intensificado los ataques contra la ciencia federal en Estados Unidos. Entre sus acciones destacan la reducción o paralización de fondos para la investigación, el despido de miles de científicos, la cancelación de subvenciones por motivos ideológicos y el cierre de instalaciones de investigación en todo el país.

Sin embargo, la decisión de la administración Trump de destituir a los 22 miembros actuales del Consejo Nacional de Ciencia (NSB, por sus siglas en inglés) la semana pasada ha sido calificada como uno de los momentos más oscuros para la ciencia estadounidense en los últimos años.

«Fue increíblemente aterrador. Cuando vi que habían despedido a todo el consejo, se me cayó el alma a los pies», declaró Jacquelyn Gill, paleoecóloga y biogeógrafa de la Universidad de Maine. «Ahora, este último bastión de rendición de cuentas, transparencia y experiencia científica ha sido desmantelado de la noche a la mañana».

El NSB desempeña un papel fundamental en la supervisión de la Fundación Nacional de Ciencia (NSF), una de las principales fuentes de financiación para la investigación en áreas como química, ingeniería, biología, medio ambiente, informática y tecnología. La NSF apoya la investigación académica y contribuye a la formación de la próxima generación de científicos.

«El NSB y la NSF fueron diseñados para ser dirigidos por los mejores expertos científicos del país, que representan un consenso sobre hacia dónde debe avanzar la ciencia en esta nación», explicó Gill. «No están sujetos a los caprichos de quien ocupe la presidencia».

Creado por el Congreso en 1950 como un órgano independiente de asesoramiento científico, el NSB está compuesto por miembros nombrados por el presidente para mandatos escalonados de seis años. Estos son seleccionados por su destacada trayectoria y contribuciones en sus respectivos campos.

El pasado viernes, los miembros del consejo recibieron un correo electrónico informándoles de que sus puestos habían sido «terminados con efecto inmediato». Actualmente, la página web de la NSF muestra el mensaje «pendiente de nuevos nombramientos» en lugar de la lista de sus miembros.

«Este consejo es fundamental para asesorar tanto al Congreso como al presidente sobre temas de vital importancia para el país», afirmó Geraldine Richmond, titular de la Cátedra Presidencial en Ciencia y profesora de Química en la Universidad de Oregón, así como exmiembro del NSB. Richmond fue nombrada por el presidente Barack Obama y, posteriormente, por Trump durante su primer mandato.

Tras la repentina destitución del consejo, los expertos temen que sus miembros sean reemplazados por personas elegidas por su lealtad política en lugar de su cualificación científica. Esto podría llevar a que el nuevo consejo se centre en intereses partidistas a corto plazo en lugar del bienestar social a largo plazo.

Dada la importancia del NSB en el ecosistema que impulsa la innovación en EE.UU., observadores advierten que esta decisión podría socavar la confianza en la ciencia pública y causar un daño duradero a la competitividad del país en áreas críticas de investigación, así como a la formación y retención de nuevos científicos.

«Aunque esto es preocupante, no es una sorpresa, dado lo que esta administración ha estado haciendo desde enero de 2025», declaró Carlos Javier Martínez, investigador senior en políticas científicas.