En el cementerio East Lawn de Ithaca (Nueva York), no es un fantasma lo que merodea entre las lápidas, sino la Andrena regularis, conocida como abeja minera regular. Este pequeño insecto, de color negro y beige con manchas amarillas, destaca por su pelaje y su papel como polinizador solitario.
Lejos de formar grandes colonias como las abejas melíferas, esta especie pertenece al 90% de abejas solitarias que, en lugar de anidar en árboles, excavan túneles en el suelo. Un estudio de la Universidad de Cornell ha revelado que este cementerio, aparentemente estéril, alberga una de las comunidades más grandes y antiguas de abejas mineras del planeta.
Los hallazgos subrayan la importancia de los cementerios como refugios de biodiversidad, desde insectos hasta pequeños mamíferos. En un contexto de pérdida de hábitats y uso de pesticidas, estos espacios pueden convertirse en aliados clave para proteger a los polinizadores, esenciales para la agricultura.
«Es emocionante descubrir que la biodiversidad existe en lugares inesperados», declaró Christopher Grinter, responsable de entomología en la Academia de Ciencias de California, quien no participó en la investigación. «Es un recordatorio de que debemos fomentar y proteger estos ecosistemas».
Las abejas mineras: polinizadores solitarios y eficientes
Aunque asociamos a las abejas con colmenas organizadas y producción de miel, la realidad es muy distinta. La mayoría de las especies son solitarias y anidan en el suelo o en cavidades naturales. La Andrena regularis, por ejemplo, excava túneles bajo el cementerio de Ithaca para depositar sus huevos. Las larvas emergen en primavera, convirtiéndose en polinizadores vitales para plantas locales, como los manzanos de Nueva York, un cultivo de gran valor económico.
¿Por qué un cementerio es un hogar ideal para las abejas?
Los cementerios reúnen condiciones perfectas para estos insectos: suelos bien drenados, fáciles de excavar y estables. «Son lugares que no se inundan y donde los túneles no se derrumban», explicó Jordan Kueneman, ecólogo comunitario de Cornell y coautor del estudio. Así, estos espacios, diseñados para el descanso eterno, se convierten en un oasis para la vida silvestre.
La investigación refuerza la necesidad de gestionar estos lugares con criterios ecológicos, protegiendo a especies como la abeja minera en un escenario de cambio climático y alteraciones ambientales.