El día ya estaba perdido antes de empezar. Una hora y doce minutos después de salir de casa, solo había logrado: repostar, resetear el cuentakilómetros de un Miata de 10 dólares, incorporarme a la I-5 y avanzar ocho malditos kilómetros. No es exageración. Ocho. Hasta un mulo cojo habría avanzado más rápido por la autopista.
Las obras en los carriles expresos de la interestatal convirtieron mi trayecto habitual (40 minutos en un Miata de 85 CV) en un viaje de tres horas. La suspensión del Camaro no tendría arreglo ese día. Al llegar al taller, el desastre era aún mayor: el equipo de carreras había vuelto de una competición del fin de semana anterior con los motores hechos trizas. Literalmente. No era humo metafórico, sino el olor a refrigerante quemado y un pistón cubierto de costras.
Al inspeccionar los daños, el equipo descubrió que no era el único motor afectado. Un bloque BMW de seis cilindros en línea había reventado en una carrera anterior, y otro motor —esta vez un Chevrolet de seis cilindros— había fallado en un tercer vehículo. El taller parecía un campo de batalla: piezas rotas, herramientas dispersas y motores fuera de sus coches. Incluso el nuevo BMW S52 para el Corvette C3 de la escudería recibió un trato especial.
El plan de acción
A mediodía, la conversación pasó de la ambición a una especie de triaje de emergencia: ¿qué podíamos hacer ahora para avanzar con el Camaro? Decidimos inventariar las cajas de piezas acumuladas, ordenar el caos de componentes y reorganizar los coches dañados. Este nuevo capítulo de Camaro vs. el mundo será un reportaje fotográfico del día en el taller, con algunas pistas sobre lo que está por venir.
Como siempre, agradecemos los comentarios de los lectores de Hagerty. Muchos de vosotros habéis compartido vuestras experiencias y consejos sobre reconstrucciones de Camaro, y aunque no todos los días son ideales, seguro que os identificaréis con esta situación.
Las piezas: un tesoro en Marketplace
Facebook Marketplace es un filón si se tiene paciencia. En este caso, encontré una ganga que podría ser clave para convertir el Camaro en un coche de competición. Eso sí, no preguntéis por el sedán Jaguar que apareció en el proceso.