Si hoy preguntáramos a un estadounidense cómo imagina un taxi, probablemente mencionaría modelos como el Toyota Prius o el Ford Crown Victoria. Sin embargo, si retrocedemos hasta los años 60, la respuesta sería inequívoca: el Checker, un vehículo que se convirtió en sinónimo de las grandes ciudades, especialmente Nueva York.
El modelo A11, lanzado en 1951, destacaba por su carrocería robusta, su pintura amarilla y su franja lateral ajedrezada, elementos que lo hacían inconfundible en el tráfico. Pero fue en 1962 cuando Checker introdujo una versión alargada de su icónico taxi: el Aerobus, disponible tanto en versión sedán como familiar.
Estos vehículos, con una batalla estándar de 120 pulgadas, se alargaban hasta 34,5 pulgadas para incorporar una fila adicional de asientos o hasta 69 pulgadas para añadir dos filas más. Su diseño sencillo y funcional permitía que la transformación pareciera planeada desde el principio. Mientras que los modelos familiares de consumo incluían dos asientos adicionales en la parte trasera, los Aerobus estaban diseñados como lanzaderas aeroportuarias, con capacidad para hasta 12 pasajeros y espacio para equipaje detrás de los últimos asientos.
Un ejemplo de estos vehículos, un Checker Aerobus de 1974, se encuentra actualmente en subasta en Hagerty Marketplace, ubicado en Kenosha, Wisconsin. Desde su lugar de fabricación en Kalamazoo, Michigan, solo dista unas cuatro horas en coche siguiendo el borde sur del lago Michigan. Con un aspecto que parece sacado de una película de época, este coche sería una auténtica joya en cualquier exposición o evento de coches clásicos.
Aunque poseer un vehículo tan singular tiene sus ventajas, también conlleva desafíos. Checker dejó de fabricar coches hace décadas, por lo que el mercado de repuestos para su restauración es limitado en comparación con otros coches de colección más populares. Además, aparcar un vehículo tan largo puede ser complicado, y los nuevos dueños deberán acostumbrarse a tomar fotos en modo panorámico.
Sin embargo, los aspectos positivos superan con creces los inconvenientes. Checker nunca aplicó la obsolescencia programada: sus modelos A11, A10 y A12 se produjeron durante décadas con actualizaciones mecánicas, pero sin cambios significativos en el diseño. Esto significa que muchas piezas son intercambiables entre años. Además, su mecánica y componentes de dirección provenían del catálogo de General Motors, lo que facilitaba su mantenimiento.
El Aerobus en cuestión fue restaurado en 2019, con un repintado completo y una renovación del interior. Un trabajo laborioso, ya que implica tratar una cantidad de chapa equivalente a la de dos coches normales. Lo mismo ocurre con la tapicería. En cuanto a la mecánica, su mantenimiento es sencillo, ya que comparte componentes con otros vehículos de la época.