Seis meses antes de las elecciones legislativas de mitad de mandato, los escaños en la Cámara de Representantes ya están cambiando de manos. No es por primarias ni por elecciones especiales, sino por la redistribución partidista de distritos electorales.
Los republicanos iniciaron la última ronda de manipulación de distritos el año pasado. En Texas, ganaron cinco escaños; en Missouri, uno; y en Carolina del Norte, otro. Los demócratas respondieron con cinco distritos en California en noviembre y cuatro más en Virginia la semana pasada. Esta semana, el GOP contraatacó en Florida, donde busca asegurar cuatro escaños adicionales. Además, el Tribunal Supremo de EE.UU. abrió la puerta a nuevos redibujos de mapas en siete estados, lo que podría beneficiar aún más a los republicanos.
El giro en las reglas electorales ha generado confusión y contradicciones entre los políticos. Sin pudor por su falta de coherencia, los partidos justifican sus propios gerrymanders mientras denuncian los de la oposición.
La creatividad detrás de la manipulación de distritos
La redistribución de distritos siempre ha sido un ejercicio de creatividad política. Los mapas se trazan combinando datos electorales para concentrar a los votantes rivales en pocos distritos y diluir su influencia en el resto. Algunos ejemplos, como el distrito 35 de Texas o el 13 de Illinois, son auténticas obras de arte geométrico.
La innovación llegó con Donald Trump, quien impulsó el redibujado de distritos a mitad de mandato. Tradicionalmente, este proceso se realizaba al inicio de cada década, tras el censo. Sin embargo, Trump presionó a los republicanos en Texas y otros estados rojos para modificar los mapas y ganar más escaños. Los demócratas respondieron con medidas similares en estados azules.
El argumento falaz de Trump: "Ganamos, luego merecemos más escaños"
En agosto de 2023, Trump declaró a CNBC:
«Tenemos la oportunidad en Texas de ganar cinco escaños».Su justificación fue simple: «Gané Texas con el mayor número de votos de la historia, así que merecemos cinco escaños más».
El problema es que los números no cuadran. En 2024, Trump obtuvo el 56% de los votos en Texas, pero el mapa electoral estatal ya daba a los republicanos 25 de los 38 escaños (66%). Con el nuevo gerrymander, se espera que los republicanos controlen 30 escaños (79%). Trump reclama que su 56% de votos justifica casi el 80% de los escaños, una lógica que distorsiona la representación democrática.
Mientras Virginia respondía con su propia redistribución, el Tribunal Supremo abrió la puerta a nuevos cambios en siete estados. Aunque solo uno o dos lo aprovechen —como anunció el gobernador de Luisiana—, el beneficio será para los republicanos.