Si busca en Amazon el término ‘alambique casero’, encontrará una amplia variedad de dispositivos diseñados para separar y concentrar los componentes más volátiles de una mezcla líquida. Muchos de ellos se anuncian explícitamente como aparatos para producir bebidas alcohólicas como whisky, brandy, ginebra o vodka. Sin embargo, adquirir uno de estos productos con la intención de usarlo para ese fin constituye un delito federal.
La prohibición federal de producir destilados en casa lleva en vigor desde 1868, cuando el Congreso la incluyó en una ley más amplia destinada a recaudar impuestos sobre el alcohol. Pero dos recientes fallos de tribunales de apelaciones han reavivado la esperanza de los destiladores caseros: podrían dejar de estar sujetos a esta norma obsoleta, poco aplicada y de cumplimiento desigual.
Una división judicial que podría llegar al Tribunal Supremo
El pasado mes de julio, el Tribunal de Apelaciones del Quinto Circuito dictó sentencia en el caso McNutt v. Departamento de Justicia de EE.UU.. En su fallo, determinó que la prohibición de destilar en casa no puede justificarse como una medida recaudatoria. Once días después, el Tribunal de Apelaciones del Sexto Circuito emitió un dictamen opuesto en el caso Ream v. Departamento del Tesoro de EE.UU.. Este tribunal consideró que el poder tributario federal, junto con la facultad constitucional del Congreso para ‘dictar todas las leyes necesarias y adecuadas’ para ejercer sus competencias enumeradas, justificaba plenamente la prohibición.
Esta contradicción entre dos circuitos judiciales —conocida como ‘circuit split’— abre la puerta a que el Tribunal Supremo de EE.UU. intervenga para resolver el conflicto. El caso plantea preguntas fundamentales sobre los límites del poder federal y sus posibles repercusiones en otras áreas.
¿Qué dice la ley actual?
Según el Código de Rentas Internas (26 USC 5178(a)(1)(B)), ‘no se permitirá la instalación de una destilería de bebidas alcohólicas en ninguna casa particular, cobertizo, patio, dependencia anexa a una vivienda o a bordo de cualquier embarcación’. La sanción por incumplir esta norma, recogida en el 26 USC 5601(a)(6), incluye multas de hasta 10.000 dólares, penas de prisión de hasta cinco años, o ambas.
En el caso McNutt, el juez federal Mark T. Pittman emitió en 2024 una orden judicial permanente que impedía al gobierno federal hacer cumplir la prohibición contra el demandante principal, Scott McNutt, y otros miembros de la Asociación de Destiladores Aficionados (HDA). El Quinto Circuito respaldó esta decisión, al considerar que la ley no era un ejercicio válido del poder tributario del Congreso. Además, el tribunal desestimó el argumento de que la prohibición pudiera justificarse bajo la cláusula de comercio interestatal, ya que el gobierno abandonó esa línea de defensa durante el proceso.
En su opinión, la jueza Edith Jones —respaldada por los otros dos magistrados del panel— destacó que las disposiciones impugnadas por McNutt no tienen relación alguna con la recaudación de impuestos.
«Ninguna de las disposiciones genera ingresos. No solo prohíben las destilerías en el hogar, sino que, al hacerlo, actúan como una prohibición antirrecaudatoria, ya que impiden que los destilados lleguen a existir. Estas normas reducen los ingresos en lugar de aumentarlos»,afirmó Jones.
Un debate con implicaciones más allá del alcohol
El conflicto entre ambos circuitos judiciales va más allá de la producción casera de alcohol. La decisión del Tribunal Supremo podría sentar un precedente sobre hasta qué punto el Congreso puede regular actividades que, en teoría, podrían afectar a la recaudación fiscal. Expertos en derecho constitucional señalan que este caso podría tener repercusiones en otras áreas, como la regulación de sustancias controladas o incluso la libertad individual en el ámbito doméstico.
Mientras tanto, los destiladores caseros siguen operando en un limbo legal. Algunos estados, como Kentucky, han legalizado la producción de alcohol para uso personal, pero la ley federal sigue vigente. La posible intervención del Tribunal Supremo podría aclarar si esta prohibición, con más de 150 años de antigüedad, tiene cabida en el marco legal actual.