La promesa de los ETF de Bitcoin era clara: ofrecer exposición a criptomonedas dentro de un producto financiero regulado y familiar para inversores institucionales. Asesores, equipos de cumplimiento y grandes instituciones podían acceder a activos digitales sin salir de su estrategia tradicional. Esta propuesta funcionó: según datos de CryptoSlate, a 8 de abril, el mercado de ETF de Bitcoin al contado en EE.UU. superaba los 91.700 millones de dólares en activos bajo gestión.

Sin embargo, el éxito del sector ha puesto de relieve un problema crítico: la infraestructura. Recientemente, Grayscale modificó su propuesta para el ETF Hyperliquid, nombrando a Anchorage Digital Bank como custodio en lugar de Coinbase. Aunque pueda parecer un cambio menor, refleja una tendencia más amplia: los emisores comienzan a cuestionar la excesiva dependencia de un único proveedor de custodia en el mercado regulado de ETFs de criptomonedas.

Los datos son reveladores. Según CryptoSlate, los fondos que incluyen a Coinbase como custodio principal o único representan el 84,1% de los activos totales del mercado de ETFs de Bitcoin al contado en EE.UU., es decir, unos 77.100 millones de dólares. Incluso aplicando un criterio más estricto —excluyendo acuerdos de custodia compartida o poco claros—, la cifra sigue siendo abrumadora: el 80,8% de los activos (74.060 millones) dependen de Coinbase en algún rol de custodia.

Estas cifras demuestran que la concentración en Coinbase no es un detalle menor, sino un factor clave en la adopción institucional de Bitcoin. Un solo cambio en un documento no marca una tendencia, pero cuando un mercado que durante años ha seguido el mismo patrón de custodia comienza a mostrar variaciones, merece atención.

¿Por qué Coinbase dominó el mercado?

La elección de Coinbase como custodio principal en los ETFs de Bitcoin no fue casual. Cuando la SEC aprobó estos productos en enero de 2024, los emisores necesitaban un proveedor con un perfil de cumplimiento reconocible, una trayectoria institucional sólida y una infraestructura ya validada por reguladores, auditores y market makers. Coinbase cumplía con estos requisitos y, una vez que los grandes emisores lo adoptaron, el resto del mercado siguió su ejemplo.

Este efecto dominó se extendió hasta 2026. Por ejemplo, en marzo, Morgan Stanley presentó una actualización de su ETF de Bitcoin, nombrando a Coinbase Custody y BNY como custodios. La incorporación de otra institución de prestigio reforzó aún más el estándar operativo que ya sostenía gran parte del mercado.

Además, el avance regulatorio de Coinbase consolidó su posición. El pasado 2 de abril, la compañía anunció que había recibido la aprobación condicional de la Oficina del Contralor de la Moneda (OCC) para operar como banco fiduciario nacional. Este hito reforzó su credibilidad como custodio, pero también plantea preguntas sobre la excesiva concentración en un solo actor.

¿Hacia una diversificación de la custodia?

El cambio de Grayscale al nombrar a Anchorage Digital como custodio para su ETF Hyperliquid podría ser el inicio de una reevaluación más amplia. Aunque aún es pronto para hablar de una migración masiva, este movimiento envía una señal clara: los emisores están explorando alternativas para reducir riesgos y mejorar la resiliencia del ecosistema.

Anchorage Digital, con su enfoque en seguridad y cumplimiento para instituciones, representa una opción viable. Su selección por parte de Grayscale sugiere que otros emisores podrían seguir este camino, especialmente si buscan diferenciarse o mitigar la dependencia de un único proveedor.

En un mercado donde la infraestructura es tan crítica como el activo subyacente, la diversificación en custodia no es solo una opción, sino una necesidad estratégica. El futuro de los ETFs de Bitcoin podría depender de ello.