La llegada de Kevin Warsh a la presidencia de la Reserva Federal (Fed) no será sencilla. El nuevo mandatario se enfrentará a una fuerte oposición interna dentro del banco central, especialmente si intenta recortar los tipos de interés de forma prematura. Además, su predecesor, Jerome Powell, seguirá presente en la institución, lo que añade un factor de complejidad adicional.
Las decisiones anunciadas esta semana desde la sede de la Fed en Washington confirman que Warsh tendrá que navegar entre limitaciones significativas si desea reorientar la política monetaria en direcciones que la actual dirección considera inadecuadas. Su objetivo de reformar el funcionamiento del banco central y, eventualmente, reducir los tipos de interés dependerá más de la persuasión que de imponer su criterio desde la presidencia.
La disidencia abierta en el comunicado de política monetaria del miércoles ha puesto de relieve estas tensiones. Tres presidentes de bancos regionales de la Fed —Beth Hammack (Cleveland), Neel Kashkari (Minneapolis) y Lorie Logan (Dallas)— rechazaron el lenguaje del comunicado, que sugería un próximo recorte de tipos. En su lugar, abogaron por una redacción más neutral que dejara abierta la posibilidad de un aumento de tipos.
Esta disidencia, junto con la postura moderada del gobernador Stephen Miran (que apoyaba un recorte), supuso el mayor número de votos en contra en un comunicado desde octubre de 1992. La corriente halcón dentro del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) lleva meses ganando fuerza, incluso antes de la decisión de diciembre, cuando varios miembros expresaron sus reservas sobre el recorte de tipos.
En la reunión de diciembre, Powell logró convencer a todos los miembros del FOMC, excepto a Austan Goolsbee (Chicago) y Jeff Schmid (Kansas City), para apoyar el recorte. Sin embargo, el malestar por una posible relajación excesiva de la política monetaria estalló esta semana. Con la inflación superando el objetivo del 2% por sexto año consecutivo —y antes del reciente aumento de los precios energéticos por la guerra en Irán—, algunos miembros temen que la tendencia inflacionista se esté reafirmando, especialmente en un contexto de crecimiento sólido y un mercado laboral estable.
La disidencia en el comunicado sugiere que Warsh enfrentaría una oposición aún mayor si intentara recortar los tipos sin datos claros que lo justifiquen. Como señala Stephen Coltman, responsable de Macro en 21shares:
"Aunque intelectualmente se puede argumentar que la Fed debería ignorar la inflación inducida por aranceles y el petróleo, en la práctica Warsh tendrá dificultades para conseguir una mayoría en el FOMC que vote a favor de recortes cuando el PCE subyacente y el general superan el 3% y el crecimiento del PIB se mantiene firme en el 2%".
Desde una perspectiva más amplia, la decisión de Powell de permanecer como gobernador de la Fed, aunque de forma temporal, se presenta como un movimiento para proteger la independencia del banco central. Su presencia continuada le otorga influencia en caso de que la administración Trump reabra investigaciones penales sobre las reformas en el edificio de la Fed —que un juez federal calificó de pretexto descarado— o encuentre nuevas formas de presionar a la institución. Powell ha dejado claro que su permanencia no es negociable.