En la planta de Lamb Weston en American Falls (Idaho), una de las mayores productoras mundiales de patatas congeladas, los empleados llevan décadas afiliados al sindicato Teamsters. Kira Junod, empleada de la planta, nunca votó a favor de unirse a él, pero al descubrir que en otra planta no sindicalizada de la misma empresa, en Twin Falls, los trabajadores recibían más días de baja remunerada, primas por turnos nocturnos y bonos trimestrales, comenzó a cuestionar la representación sindical.
«¿Por qué no quiero esos beneficios?», se preguntó Junod. «Son dinero gratis, aunque sean solo 20 dólares cada trimestre». Sin embargo, el sindicato local de los Teamsters era la única entidad autorizada para negociar con la dirección en nombre de los empleados, incluso en un estado con leyes de derecho al trabajo como Idaho, que permite a los trabajadores rechazar el pago de cuotas sindicales.
La historia de Junod no es un caso aislado. Aunque los medios suelen destacar las campañas de sindicalización en empresas como Amazon o Starbucks, son menos conocidas las votaciones para desvincularse de un sindicato que, según los trabajadores, no cumple con sus expectativas. Según datos del Consejo Nacional de Relaciones Laborales (NLRB) de EE.UU., entre 2016 y 2025 se celebraron 1.620 elecciones de este tipo, y los Teamsters fueron el principal objetivo: el 23% de las peticiones (373 en total) buscaban terminar con su representación.
Esta cifra duplica las presentadas contra el sindicato SEIU, el segundo más afectado. Además, más del 60% de las votaciones contra los Teamsters han sido exitosas, lo que refleja un malestar generalizado entre los trabajadores.
Contratos bajo sospecha: salarios bajos y beneficios insuficientes
Ray Cotts, conductor de la planta de Keurig Dr Pepper en Oshkosh (Wisconsin), resumió en 2024 las razones de su descontento: «Vacaciones insuficientes, salarios bajos, beneficios mediocres, falta de protección laboral y salarios contractuales muy por debajo del estándar del sector». Su testimonio se produjo tras tres votaciones exitosas de desvinculación sindical en plantas de la misma empresa en Wisconsin.
Los trabajadores que impulsan estas iniciativas suelen denunciar que los sindicatos no negocian contratos justos o que los beneficios pactados no se ajustan a las necesidades actuales. Aunque el proceso es complejo y requiere la recolección de firmas, apoyo mayoritario y aprobación del NLRB, cada vez más empleados optan por esta vía para recuperar el control sobre sus condiciones laborales.
Un fenómeno en alza: ¿Fracaso de los sindicatos o cambio en las prioridades laborales?
Expertos señalan que el aumento de las votaciones de desvinculación podría reflejar un cambio en las prioridades de los trabajadores, que ya no ven en los sindicatos la única vía para mejorar sus condiciones. «Hay una generación que valora más la flexibilidad y los beneficios concretos que la solidaridad sindical», explica un analista laboral. Además, en sectores como el de la alimentación o la logística, donde la competencia es feroz, los empleados buscan alternativas que les permitan negociar directamente con la empresa.
Para los Teamsters, este escenario representa un desafío. Aunque siguen siendo uno de los sindicatos más grandes de EE.UU., con más de 1,2 millones de afiliados, las cifras del NLRB indican que su influencia está siendo cuestionada en múltiples frentes. La pregunta ahora es si podrán adaptarse a las nuevas demandas de los trabajadores o si continuarán perdiendo terreno en las urnas.