La Ley de Especies en Peligro de Extinción (ESA), aprobada en 1973 con un respaldo unánime del Senado (92-0), ha sido clave para la recuperación de especies como el águila calva, que pasó de menos de 450 parejas en los años 60 a más de 300.000 ejemplares en la actualidad. Sin embargo, su éxito no ha evitado las críticas de grupos industriales, que argumentan que las restricciones frenan el desarrollo económico.
Un apoyo mayoritario, pero con tensiones políticas
Según una encuesta de 2018, el 90% de los estadounidenses apoya la ESA, una cifra que se ha mantenido estable en las últimas dos décadas. No obstante, desde que los republicanos tomaron el control de la Cámara de Representantes en 2011, se han presentado más de 200 proyectos de ley para reformar la normativa, con un promedio de 40 anuales hasta 2016.
Críticas desde el sector conservador
Gabriella Hoffman, directora del Centro para la Energía y la Conservación del Independent Women’s Forum —un *think tank* conservador—, señala que la ley necesita modernizarse: «Muchas normativas ambientales no se han adaptado al siglo XXI. Quienes criticamos la ESA actual queremos que funcione mejor».
Algunos detractores, como Kristen Boyles, abogada de Earthjustice, rechazan la idea de que la protección de especies y el desarrollo de energías limpias sean incompatibles: «En la mayoría de los casos, es posible encontrar soluciones que respeten tanto la biodiversidad como los proyectos energéticos».
Los republicanos intensifican sus esfuerzos
En 2019, la administración Trump introdujo cambios significativos en la ESA, como reducir protecciones para especies «amenazadas» y priorizar factores económicos al evaluar el estatus de conservación. Aunque el presidente Biden revocó parte de estas medidas al asumir el cargo, otras permanecieron vigentes hasta que un juez las anuló el pasado mes por violar la ley ambiental.
Actualmente, los republicanos retoman su ofensiva. La Cámara de Representantes preparaba el proyecto H.R. 1897, que pretendía codificar —o ampliar— los cambios impulsados por Trump, evitando los procesos regulatorios habituales. Sin embargo, el texto fue retirado de la agenda legislativa el miércoles pasado sin explicación oficial, aunque se especula con su posible reintroducción.
«La ESA es una herramienta esencial para preservar la biodiversidad, pero su aplicación debe equilibrarse con el progreso económico». — Gabriella Hoffman, *Independent Women’s Forum*
¿Qué cambios se proponen?
- Reducción de protecciones: Flexibilizar normas para especies «amenazadas» y acelerar la exclusión de especies de la lista de protección.
- Ponderación económica: Incluir pérdidas de ingresos en las evaluaciones de conservación.
- Bypass regulatorio: Evitar trámites burocráticos para aprobar proyectos que afecten a especies protegidas.
El futuro de la ley
Aunque el H.R. 1897 ha sido pospuesto, los defensores del medio ambiente temen que la presión republicana logre debilitar la ESA en el futuro. Organizaciones como Earthjustice advierten que estos cambios podrían poner en riesgo décadas de avances en conservación.