La crisis en el estrecho de Ormuz sigue sin resolverse y el precio del petróleo supera los 110 dólares por barril, niveles no vistos desde el inicio de la guerra en Irán. En este contexto, la administración Trump ha centrado su atención en dos frentes internos tras el fallido atentado durante la cena de corresponsales de la Casa Blanca.

En primer lugar, el presidente Donald Trump y su equipo jurídico han exigido la paralización inmediata de todos los recursos legales que bloquean la construcción de un nuevo salón de baile en el ala este de la residencia presidencial. A pesar de que durante meses se aseguró que el proyecto sería financiado con fondos privados, algunos legisladores republicanos han propuesto ahora destinar cientos de millones de dólares públicos para su ejecución.

En segundo lugar, la pareja presidencial ha arremetido contra el presentador Jimmy Kimmel, de ABC, acusándolo de incitar a la violencia. La acusación surge tras un chiste del cómico sobre la primera dama, Melania Trump, en el que comparó su aspecto con el de una «viuda embarazada». «Personas como Kimmel no deberían tener la oportunidad de entrar en nuestros hogares cada noche para propagar odio», declaró Melania Trump en un comunicado. «Es hora de que ABC tome cartas en el asunto».

Kimmel, por su parte, aclaró en su programa que se trataba de una broma inofensiva sobre la diferencia de edad entre ambos, y no de una incitación violenta.

¿Dónde está Stephen Miller?

Más allá de estas disputas, lo que realmente destaca es la ausencia de una respuesta contundente por parte de la administración Trump ante el intento de asesinato. Hasta ahora, no se ha anunciado ninguna movilización gubernamental contra lo que, en otras ocasiones, se ha calificado como «terrorismo doméstico» por parte de la izquierda política.

Recordemos que, tras el asesinato del activista conservador Charlie Kirk el año pasado, la respuesta fue inmediata y contundente. Entonces, el asesor Stephen Miller emergió como la voz principal en la cruzada contra la violencia política, con declaraciones épicas y apocalípticas en redes sociales y medios de comunicación. «Miller fue omnipresente», escribió el analista Andrew Egger en su momento, destacando su papel como arquitecto de una estrategia de confrontación.

Sin embargo, en esta ocasión, Miller ha desaparecido del debate público. Su ausencia contrasta con la urgencia que mostró en el pasado para movilizar al gobierno contra lo que consideraba una amenaza interna. ¿Se debe a una estrategia calculada o a una falta de liderazgo en un momento crítico?

El silencio de la administración

Mientras la crisis energética global se agrava y el precio del crudo sigue en alza, la Casa Blanca parece más interesada en batallas simbólicas que en abordar problemas de fondo. La construcción del salón de baile, la censura a Kimmel y la ausencia de Miller plantean preguntas sobre las prioridades reales de la administración en un escenario internacional y doméstico cada vez más tenso.

El tiempo dirá si esta estrategia responde a un plan oculto o a una desconexión peligrosa con la realidad.