Los sueños, un reflejo de nuestra mente y el mundo

¿Por qué soñamos? Esta pregunta ha intrigado a la humanidad durante milenios. Ahora, un equipo de científicos ha dado un paso más en la comprensión de este fenómeno al analizar más de 3.700 relatos de sueños de 207 participantes entre 2020 y 2024, junto con los registros de 80 personas durante los primeros meses de la pandemia de COVID-19.

La pandemia dejó huella en nuestros sueños

Los resultados, publicados en la revista Communications Psychology, muestran que eventos externos, como el confinamiento, influyen directamente en el contenido de nuestros sueños. Según el estudio liderado por Valentina Elce, de la IMT School for Advanced Studies Lucca, durante el confinamiento los sueños reflejaron un aumento de referencias a limitaciones y una mayor intensidad emocional.

«Durante el confinamiento, los sueños mostraron un incremento en referencias a limitaciones y una mayor intensidad emocional. Estos efectos se normalizaron gradualmente en los años siguientes», explican los investigadores.

La personalidad que define la bizarrería de los sueños

El estudio también reveló que ciertas características individuales están vinculadas a la naturaleza de nuestros sueños. Los participantes que tendían a divagar mentalmente durante la vigilia experimentaban sueños más extraños y con cambios frecuentes de escenario narrativo.

«Nuestros hallazgos indican que la bizarrería de los sueños está asociada a una mayor tendencia a divagar, lo que también impulsa cambios frecuentes en los escenarios oníricos. Esto sugiere que soñar y divagar mentalmente podrían compartir una base cognitiva y neural común», afirman los autores.

Metodología: cómo se analizó el contenido de los sueños

Para llegar a estas conclusiones, los investigadores reclutaron a 207 adultos italianos de entre 18 y 70 años, a quienes evaluaron en aspectos psicológicos, cognitivos, demográficos y de patrones de sueño. Los participantes registraban sus sueños al despertar, describiendo elementos como la bizarrería, la viveza, el tono emocional y el grado de control sobre los eventos en el sueño. Además, debían anotar sus experiencias diarias en estado de vigilia.

El equipo utilizó modelos de procesamiento de lenguaje natural para analizar la estructura semántica de los relatos y establecer correlaciones entre los rasgos individuales y las experiencias oníricas. Los datos se compararon con los registros de 80 personas durante la primera ola de la pandemia en 2020, compuesta por 60 mujeres y 20 hombres.

¿Qué nos dicen estos hallazgos?

Los resultados subrayan que los sueños no son meros productos aleatorios de la mente, sino reflejos de nuestra personalidad y de los eventos que vivimos. La investigación abre nuevas vías para entender cómo factores externos e internos moldean nuestra vida onírica.

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Fuente: 404 Media