Nueva York — La adaptación musical de ‘Beaches’, el icónico filme de 1988 protagonizado por Bette Midler, ha desembarcado en Broadway con un estreno que deja más dudas que aplausos. La obra, que se estrenó el pasado miércoles en el Majestic Theatre, prometía revivir el espíritu camp de la película, pero termina naufragando en un mar de clichés y errores de guion.

El momento más prometedor llega en el primer acto, cuando las actrices Kelli Barrett (Bertie adulta) y Jessica Yosk (Cee Cee adulta) se unen a sus versiones jóvenes —interpretadas por Emma Ogea, Bailey Ryon, Zeya Grace y Samantha Schwartz— para interpretar ‘Show the World Who You Are’, una canción compuesta por Mike Stoller, leyenda de la música estadounidense. La coreografía y la energía del número recuerdan a los montajes musicales de los 60, como ‘Valley of the Dolls’, pero el paralelismo se rompe cuando la obra cae en el ridículo involuntario.

El problema no es la falta de talento en el escenario, sino la incapacidad para convertir el kitsch en arte escénico. A diferencia del cine, donde el exceso puede funcionar como recurso cómico, en el teatro los actores están físicamente frente al público, y sus errores no quedan ocultos tras la pantalla. El guion, escrito por Thom Thomas e Iris Rainer Dart (autora de la novela original), carga el primer acto con escenas innecesarias que retratan el crecimiento de Bertie y Cee Cee, dos amigas con personalidades opuestas: una ingenua y soñadora (Bertie, obsesionada con Rock Hudson), y otra rebelde y vulgar (Cee Cee, que usa tacos y hace referencias sexuales explícitas).

El resultado es un diálogo anacrónico que roza lo incómodo. Frases como ‘un acto oral es como un soplete’ o la obsesión de Bertie por su ídolo de Hollywood suenan a caricatura mal ejecutada. Las coreografías de Tracy Christensen, lejos de evocar el estilo de Bette Midler, recuerdan más a los vestuarios de ‘Stella Dallas’ de los años 30, un anacronismo que refuerza la sensación de desorden.

El segundo acto mejora en cohesión, centrado en el diagnóstico de cáncer de Bertie, pero la música de Stoller —aunque competente— no alcanza el nivel de sus clásicos como ‘Yakety Yak’ o ‘Jailhouse Rock’. Los números musicales resultan genéricos, y la falta de un tema memorable se intenta compensar con el cierre de ‘Wind Beneath My Wings’, un éxito ajeno a Stoller (compuesto por Jeff Silbar y Larry Henley) que aparece en los créditos como un mero ‘agradecimiento especial’.

Para intentar salvar el naufragio, los productores recurrieron a dos directores: Lonny Price y Matt Cowart. Sin embargo, la dirección no logra cohesionar un espectáculo que oscila entre lo cursi y lo pretencioso. La adaptación de ‘Beaches’ a los escenarios demuestra que, a veces, incluso el talento de un compositor como Stoller no es suficiente para evitar que el material naufrague.

Fuente: The Wrap