El retraso que marcó un antes y un después
El libro de Molly Hemmingway «The Lawless Left: How the Radical Left is Weaponizing the Courts» desvela un episodio poco conocido sobre el caso Dobbs v. Jackson, que puso fin al derecho al aborto en EE.UU. Según la autora, tras la filtración del borrador de la sentencia el 2 de mayo de 2022, el Tribunal Supremo se enfrentó a una amenaza real: un individuo armado viajó desde California hasta Washington con intención de atentar contra el juez Brett Kavanaugh.
Un «C» en la agenda que paralizó la justicia
En la reunión del 12 de mayo, los magistrados evaluaron el estado de las sentencias pendientes. El sistema de calificación asignaba una letra según su preparación: «A» para las listas, «B» para casi terminadas y «C» para las incompletas. La sentencia Dobbs recibió un «C», pese a que la opinión mayoritaria llevaba lista más de tres meses. Solo faltaban los votos disidentes.
El juez Samuel Alito instó a los disidentes —Sonia Sotomayor, Elena Kagan y Stephen Breyer— a acelerar su trabajo, ya que cada día de retraso aumentaba el riesgo para los magistrados de la mayoría. La lógica era clara: un fallo a favor del aborto podría desencadenar violencia contra sus autores. Sin embargo, los disidentes se negaron a cumplir plazos.
El enfrentamiento que sacudió al Supremo
Tras la reunión, la jueza Kagan visitó al magistrado Breyer, el más moderado del bloque progresista. Aunque Breyer no había mostrado disposición a ceder, Kagan le presionó con tal vehemencia que, según testigos, «las paredes temblaban». La tensión reflejaba la división interna: Breyer, aunque en desacuerdo con la sentencia, priorizó la cortesía sobre la urgencia.
Tras el intento de asesinato contra Kavanaugh, los magistrados alcanzaron un acuerdo de compromiso: los disidentes se comprometieron a entregar su voto particular el 1 de junio, a cambio de una prórroga hasta el 15 de junio para sus propias sentencias. Sin embargo, cuando finalmente presentaron el documento, citaron el caso Bruen —sobre el derecho a portar armas—, que no se publicaría hasta el final del periodo judicial.
¿Por qué importó este retraso?
La demora en Dobbs no solo expuso las tensiones internas del Supremo, sino que también alimentó teorías sobre posibles cambios en la votación. Algunos especularon que los disidentes podrían haber convencido a algún magistrado de la mayoría para alterar el resultado. No obstante, los cinco jueces que respaldaron la sentencia mantuvieron su postura.
Hemmingway argumenta que este episodio revela cómo la polarización judicial puede afectar no solo a la ley, sino a la seguridad de quienes la interpretan. La falta de unidad en momentos críticos no solo retrasó un fallo histórico, sino que dejó al descubierto las grietas en el sistema.
«El bloque progresista del Supremo prefirió el juego político a la protección de sus colegas. Mientras el país ardía en protestas, ellos retrasaron una decisión que ya estaba tomada».
Consecuencias y lecciones
El caso Dobbs no solo cambió el panorama legal de EE.UU., sino que también dejó preguntas sin responder: ¿Hasta qué punto la política influye en las decisiones judiciales? ¿Puede la seguridad de los magistrados verse comprometida por estrategias dilatorias?
Lo cierto es que, tras la publicación de la sentencia el 24 de junio de 2022, el Supremo demostró que, pese a las divisiones, la mayoría conservadora mantuvo su postura. Sin embargo, el episodio sigue siendo un recordatorio de que, en la era de la polarización, incluso los tribunales no son inmunes a las tensiones que sacuden al país.