Un equipo de científicos ha demostrado por primera vez que la exposición a cocaína y su metabolito principal, la benzoilecgonina, altera el comportamiento de los salmones en su hábitat natural. Según el estudio publicado en Current Biology, los peces expuestos recorren distancias hasta un 90% mayores que los no expuestos, un hallazgo que preocupa por las implicaciones ecológicas y económicas de la contaminación por drogas en ecosistemas acuáticos.
Contaminación por drogas: un problema global en ríos y lagos
Cada año, millones de personas consumen cocaína en todo el mundo, y sus residuos —incluyendo la benzoilecgonina— terminan en aguas residuales que acaban en ríos y lagos. Estos compuestos, aunque en bajas concentraciones, pueden ser absorbidos por la fauna acuática, como el salmón del Atlántico, una especie clave tanto ecológica como económicamente.
Hasta ahora, la mayoría de los estudios sobre los efectos de la cocaína en animales se habían realizado en laboratorios. Sin embargo, este trabajo, liderado por investigadores de la Universidad Sueca de Ciencias Agrícolas, es el primero en analizar el impacto en condiciones reales, fuera de un entorno controlado.
El experimento: salmones con implantes de cocaína
Los científicos dividieron a 105 salmones jóvenes (smolts) en tres grupos: uno recibió implantes de cocaína, otro de benzoilecgonina y un tercero, de control, sin sustancias. Todos los peces fueron equipados con etiquetas de seguimiento para monitorizar sus movimientos en el lago Vättern (Suecia) durante dos meses.
Los resultados fueron sorprendentes: los salmones expuestos a benzoilecgonina nadaron casi el doble de distancia que los del grupo de control, mientras que los expuestos a cocaína mostraron un aumento moderado. «Nunca habíamos visto cambios tan drásticos en el comportamiento de los peces en la naturaleza», declaró Michael Bertram, autor principal del estudio.
Consecuencias ecológicas: ¿un riesgo para las especies?
Los investigadores advierten que estos hallazgos podrían tener implicaciones graves. El aumento de la actividad en los salmones expuestos podría exponerlos a más depredadores, alterar sus rutas migratorias o incluso afectar a su reproducción. Además, la benzoilecgonina —considerada menos tóxica que la cocaína— resultó ser el compuesto con mayor impacto, lo que sugiere que los metabolitos de las drogas también representan un riesgo ambiental.
«Este estudio subraya la necesidad de investigar más sobre cómo los contaminantes emergentes, como las drogas, afectan a los ecosistemas», añadió Bertram. La contaminación por residuos farmacéuticos y drogas recreativas es un problema en expansión, especialmente en regiones con alta densidad poblacional y sistemas de tratamiento de aguas insuficientes.
¿Qué sigue?
Los científicos planean ampliar la investigación para evaluar los efectos a largo plazo en otras especies y ecosistemas. Mientras tanto, el estudio sirve como una llamada de atención sobre los riesgos de la contaminación por drogas en el medio ambiente, un problema que podría agravarse con el aumento del consumo global.