La magistrada Ketanji Brown Jackson, apodada KBJ, ha sido objeto de atención en el Tribunal Supremo de EE.UU. por su estilo único y su participación activa en los debates. Sin embargo, más que cambiar mentes o corazones, su enfoque parece aumentar la carga de trabajo sin un impacto claro en las decisiones finales.

Un récord de palabras: ¿demasiado diálogo?

Según datos analizados por Adam Feldman en marzo, la jueza Jackson ha pronunciado más de 53.000 palabras durante los argumentos orales en este mandato, una cifra significativamente superior a la de sus colegas. Por ejemplo:

  • Justicia Sotomayor: 35.000 palabras
  • Justicia Kagan: 30.000 palabras
  • Chief Justice Roberts, Thomas y Barrett juntos: alrededor de 48.000 palabras
  • Justicias Kavanaugh y Gorsuch juntos: 52.198 palabras

Feldman también señala que Jackson dominó el 25% de las palabras pronunciadas en nueve de los diez argumentos más largos del término. Este nivel de intervención no es habitual y, en muchos casos, resulta contraproducente.

Disidencias solitarias y críticas

Otro aspecto destacado es su tendencia a emitir disidencias en solitario, adoptando posturas tan extremas que incluso sus colegas más cercanos, como las magistradas Sotomayor y Kagan, no se unen a ella. En un caso reciente, Jackson acusó al bloque mayoritario de partidismo, una afirmación que incluso provocó una réplica inmediata del magistrado Alito en una concurrencia.

Retrasos en peticiones de emergencia

Además, Jackson ha generado controversia por su lentitud en la tramitación de peticiones de emergencia. Un ejemplo claro es el caso Libby v. Fectau, donde su demora en solicitar una respuesta contrastó con la rapidez del magistrado Alito en el caso de la mifepristona, donde concedió una suspensión administrativa de inmediato.

¿Un estilo que divide?

Aunque algunos observadores destacan su dedicación, otros cuestionan si su enfoque realmente aporta valor al Tribunal. Mientras que magistrados como Breyer entretenían con sus largas intervenciones, Jackson parece generar más trabajo que influencia, obligando a sus colegas a adaptarse a su ritmo.

"La jueza Jackson no está cambiando mentes ni corazones, pero sí está obligando a otros a hacer más trabajo. ¿Es esta la estrategia más efectiva?"
Fuente: Reason